Pide la CNTE educación laica en Nueva Jerusalén

El magisterio acudió a la comunidad para solicitarle a los religiosos que permitan que los hijos de los laicos tomen clases, y aclaró que solo hacen un llamado a las autoridades estatales y federales para que resuelvan el problema.

Los cánticos religiosos de los habitantes de Nueva Jerusalén intentaban contrarrestar la exigencia del líder de la sección 18 de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, Jorge Cázares, de respetar el derecho de niños y jóvenes a una educación laica y gratuita.

El apoyo de la CNTE es solamente moral. Hacen llamados a los gobiernos local y federal para solucionar el conflicto, pero hasta ahí. No pretenden nada más que dejar manifiesto su acompañamiento a los padres de familia. Tampoco entran a Nueva Jerusalén. Las dos rejas que resguardan la comunidad están cerradas y encadenadas.

Apostados tras las rejas en cuyos barrotes colocaron cartulinas con leyendas de rechazo a la presencia del magisterio, los pobladores religiosos de la Nueva Jerusalén, quienes rechazan la construcción de una escuela dentro de su comunidad, se mantienen más de una hora en su posición.

Los maestros organizados para salir desde Morelia y Uruapan para converger en esta comunidad llegaron a bordo de autobuses y autos particulares hasta las rejas de acceso que impiden el paso a “los visitantes no deseados”, que fueron convocados por los llamados “disidentes” para reforzar su demanda de reinstalar a escuela derrumbada hace una semanas.

Un grupo de cerca de 30 personas recibieron a los integrantes de la CNTE y entre aplausos, los maestros se abrieron paso poco a poco, manifestando en todo momento que su presencia no pretende incomodar a los religiosos, sino reforzar la exigencia de educación laica y gratuita en esa comunidad.

Tras las rejas, dentro de Nueva Jerusalén, son los niños quienes ocupan el primer lugar y visten casi todos con camisas a cuadros, corean con fuerza los cánticos que sus líderes religiosos encabezan desde la edificación más cercana a la entrada del lugar y que recuerda a la bíblica torre de Babel.

Tras ellos se encuentran los hombres, la mayoría ancianos, que de vez en cuando se animan a gritar: “¡Aquí no queremos sindicatos!”, pero guardan silencio apenas ven acercarse una grabadora o una cámara de televisión.

La gente de cada lado de las rejas es muy parecida. Solo quien está familiarizado con esta comunidad distingue de inmediato a los que forman parte de los laicos y quiénes los religiosos.
Todas las mujeres llevan la cabeza cubierta. Sin embargo, las de los laicos llevan blusas con margas un poco más cortas, apenas arriba de los codos y esa, aunque pequeña, es la gran diferencia que sirve para identificarlas a simple vista.

Con la ayuda de un equipo de sonido montado en una camioneta llevada por el maestros Óscar Montero, a nombre de los padres de familia agradece la presencia de los profesores y asegura que cualquier acción posterior será acordada con ellos.

No obstante, el líder magisterial dijo que cualquier acción propuesta deberá ser llevada a consulta con los profesores, además, Jorge Cázares, secretario general de la sección 18, señala que, de acuerdo con los pobladores disidentes del lugar, la veintena de niños que toman clase en la comunidad de La Injertada son hijos paradójicamente, de aquellos que se niegan a la existencia de una escuela dentro de la Nueva Jerusalén.

El mitin de poco más de una hora se llevo a cabo sin incidentes y los maestros se retiraron del lugar, asegurando que se trató de una experiencia positiva y que se analizará la posibilidad de realizar otras acciones de apoyo en el futuro.

A pesar de este apoyo moral nada cambia en Nueva Jerusalén y son los niños los principales afectados por la falta de clases, quienes no ven en el futuro cercano una solución a este problema.

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