Philippe Simonnot: «La competencia entre credos produce sectas»

Hemos pasado de religión de Estado, religión-monopolio, a la competencia, es decir, al modelo americano.

Para el economista francés Philippe Simonnot, vinculado a las universidades de Versalles y París X, el sistema religioso estadounidense de libre mercado está entrando en Europa, con ventajas y riesgos.

¿Hay enfoque económico en su Observatorio de Religiones?
El observatorio trata de analizar, de modo desapasionado y equidistante, las religiones que se practican en Europa. Debido en parte a la inmigración y la globalización, está creciendo su importancia política y social. Como soy economista, contamino el observatorio con mi punto de vista.

¿De qué manera?
No se trata de analizar el fenómeno sólo desde la economía, por supuesto, pero la ciencia de la religión, que nació como disciplina entre los siglos XVII y XVIII, ha estado monopolizada hasta hace poco por sociólogos, psicólogos e historiadores. Creo que la economía tomará el relevo a la sociología, y aportará un nuevo sentido a la acción de la religión. Se estudia así sobre todo en Estados Unidos y países protestantes; yo lo intento en Francia, pero cuesta.

¿Cómo definiría el mercado religiosos actual en Europa?
Es una fase de transición. Con la secularización y la laicidad, los Estados han ido abandonando el modelo histórico de connubio entre Iglesia y Estado, y hemos pasado de religión de Estado, religión-monopolio, a la competencia, es decir, al modelo americano. La inmigración ha hecho que el mercado religioso en el continente sea ahora más abierto que hace sólo cincuenta años. En consecuencia, hay más competencia.

¿Eso es positivo?
Depende. El lado bueno es que el monopolio no es conveniente; quienes lo tienen aumentan los precios y descuidan a sus clientes, es decir, se da una especie de negligencia de los fieles. En Estados Unidos, la competencia obliga a los clérigos a ocuparse de su grey. Por eso podemos decir que hay más fervor religioso en Estados Unidos que en Europa, pues Europa ha sufrido las Iglesia de Estado: en España, Francia o Italia con la católica, en el Reino Unido con la anglicana, etcétera.

¿Y la mala cosa?
Es una paradoja. El mercado libre produce más bienes y, si hablamos de religión, van a surgir más religiones, pero, atendiendo al nuevo sentido, serán meros productos. Como ya ha ocurrido en Estados Unidos, y empieza a pasar aquí, la competencia entre credos produce sectas, telepredicadores, excesos… Hay una explosión de sectas evangélicas en Latinoamérica; llegan incluso a penetrar en el norte de África, en países islámicos.

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