Perseguidos

En el seno de una institución tan reaccionaria como la Iglesia, aún hay facciones que rizan el rizo del conservadurismo, de la reacción más decimonónica, de lo impresentable, de lo ridículo.

Estos grupos (Legionarios de Cristo, los neocatecumenales o kikos, los focolares, Comunión y Liberación, Opus Dei…), convenientemente arropados por la jerarquía episcopal, se manifestarán en Madrid, dos meses antes de unas elecciones generales, para desautorizar "moralmente" buena parte de las medidas del gobierno. La razón: se sienten perseguidos. Ven peligrar la familia. Medidas como el divorcio exprés, el aborto, el matrimonio entre homosexuales, educación para la ciudadanía, etc. hacen tambalearse los cimientos de la sociedad.

 Ya lo he dicho alguna vez: nunca criticaré la opción individual de nadie, lo que su conciencia le dicte. Pero la dimensión social e institucional de la Iglesia me parece hipócrita y repugnante. Una institución que abrazó abiertamente la causa del régimen fascista, que ha callado durante siglos ante los abusos del poder (siempre se alineó con los poderosos, lejos de lo que predicaba el mensaje evangélico), que no ha dado la cara ante situaciones sociales gravísimas (violencia de género, precariedad de empleos, violaciones, inmigración…), que ha propiciado desde su cadena de radio el desencuentro y la virulencia manipuladora con la teoría de la conspiración, que ha bastardeado sistemáticamente sus propios dogmas, tomará Madrid y hará patente que su reino es bastante más de este mundo de lo que ellos mismos predican. Y harán campaña desde los púlpitos y mucha gente se dejará llevar por una corriente de opinión que favorece electoralmente al PP. Eso es jugar limpio.

 Y la sociedad laica, creo, no deberíamos callarnos. Deberíamos dejar bien claro que, cuando menos, los perseguidos somos nosotros. Que el respeto que sentimos por la conciencia individual no encuentra en el otro lado reflejo alguno. Que estamos hartos de la situación de privilegio que dententan estos "pastores" de la manipulación. Que es falso que se puedan llamar perseguidos cuando están más crecidos que nunca. Que miramos horrorizados sus declaraciones sobre pederastia o violaciones, inculpando a las víctimas por su capacidad de provocación, en vez de a los victimarios por su falta de escrúpulos. Que nos tienen hartos con su actitud  rancia y conservadora.

 Ahora están intentando hacer caja e insertan spots televisivos con chicos aquejados de síndrome de Down. ¡Qué desvergüenza! ¿Cuándo se han ocupado sus colegios religiosos de este tipo de alumnos? Esos encuentran su hueco en la escuela pública. ¡Cuánto embuste! ¡Qué cadena de despropósitos y manipulaciones! ¡Qué triste espectáculo!

 Si la sociedad española se hunde, no será por las medidas sociales del gobierno. Más bien será por la mentira que esta gente está inoculando, como un virus letal, en las raíces de las conciencias. No son los perseguidos: son los fraudulentos perseguidores.

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