Peregrinación al santuario de la Virgen de Luján en Argentina: sin grieta política y con pañuelos verdes y celestes marchando juntos

En pleno fragor electoral, cuando la “grieta” entre los argentinos es más ancha que nunca, la caravana que partió este sábado a Luján se sintió como un torrente de agua fresca. Entre los peregrinos de todas las edades que iniciaban la marcha en las inmediaciones de la Parroquia de San Cayetano, en el barrio porteño de Liniers, había diversidad, pero no división: en los casi 60 kilómetros hasta la Basílica de Luján confluyeron con holgura pañuelos verdes y celestes y principios políticos de todos los colores.

«Venimos a agradecer que estamos bien y a pedir por los demás. Queremos que mejoren las cosas en todo el país: tenemos que unirnos, dejar las diferencias de lado y tirar todos para el mismo lado», explicó Anselmo Contessa, un joven de 23 años que viajó con su familia desde Guaminí, en el profundo oeste bonaerense, para participar de la manifestación de fe más importante en el país.

Anselmo Contessa, Alejandra Contessa, Yaqueline Pulido y Cecilia Contessa (Guillermo Rodríguez Adami)

Anselmo Contessa, Alejandra Contessa, Yaqueline Pulido y Cecilia Contessa (Guillermo Rodríguez Adami)

La edición número 45 de la peregrinación juvenil a Luján, que culminará este domingo con la misa central a cargo del arzobispo de Buenos Aires, cardenal Mario Poli, lleva como lema «Madre, ayúdanos a unirnos como pueblo». En la semana, Poli les pidió a los peregrinos “rezar mucho por la patria porque los argentinos estamos muy divididos y nos cuesta tirar parejo” y por los futuros gobernantes “para que se acuerden de los pobres, de promover la creación de trabajo para todos, de la justicia y del bienestar de nuestro pueblo”

El mensaje interpela a una comunidad partida por distintas grietas. Acaso la política, la madre de todas, avivada por la inminencia de las elecciones presidenciales. «Acá —señala a su familia—no pensamos igual, pero estamos unidos. ¿Por qué no podemos hacer lo mismo en el día a día entre todos?», plantea Anselmo.

Cecilia Contessa, con su pañuelo verde. (Guillermo Rodríguez Adami)

Cecilia Contessa, con su pañuelo verde. (Guillermo Rodríguez Adami)

Su hermana, Cecilia (28), es la cuarta vez que peregrina a Luján y la segunda que lo hace con el pañuelo verde atado en la mochila. «En ningún momento me sentí incómoda y nunca nadie me miró mal. Para mí el Estado se tiene que separar de la Iglesia, pero vengo porque tengo fe, y una cosa no invalida la otra«, explica.

No es la única que está a favor de la legalización del aborto y camina por la avenida Rivadavia, en el primer tramo del camino a Luján. «Estoy convencida de que el aborto tiene que ser legal, seguro y gratuito, y éste también es mi lugar. Acá la gente es súper amable, por eso es la segunda vez que vengo sola, me siento segura», explica Yamila De Gil Costa (36), vecina de Belgrano. «Tenemos que empezar a trabajar la tolerancia en el día a día, no puede ser que se agreda a una persona por pensar diferente», reflexiona.

Yamila De Gil Costa, en su segunda peregrinación con pañuelo verde. (Guillermo Rodriguez Adami)

Yamila De Gil Costa, en su segunda peregrinación con pañuelo verde. (Guillermo Rodriguez Adami)

A pocos metros, Florencia Martino (28) camina con sus amigos de Chacabuco con un pañuelo celeste anudado en la mochila. «Nosotros defendemos la vida desde la concepción, pero entendemos que cada uno tiene su opinión y puede pensar como quiere», sostiene. «Venimos, justamente, para terminar con las grietas: entre ‘provida’ y ‘proaborto’ y cualquier otra barrera que haya en el país», asegura.

Florencia Martino (Guillermo Rodriguez Adami)

Florencia Martino (Guillermo Rodriguez Adami)

Aunque la partida oficial de San Cayetano, con «la imagen cabecera», fue al mediodía, muchos eligieron salir a la mañana para aprovechar la luz del día lo más posible. Se trata de un recorrido que suele llevar por lo menos 12 horas y, según los más experimentados, es habitual que surjan imprevistos, como lastimaduras en los pies o calambres.

«Lo mejor es seguir tu ritmo: parás cuando estás cansado, te recuperás y volvés a arrancar», señala Alfredo Sánchez (46), vecino de Burzaco, que hizo el recorrido cuatro veces. «Nunca vas a sentir que estás solo, la gente te apoya sin saber quién sos: no importa si sos de River, de Boca, radical o peronista«, explica el hombre, que asegura que camina para agradecer la recuperación de su hija de una grave enfermedad.

Alfredo Sánchez camina para agradecer por la recuperación de su hija. (Guillermo Rodríguez Adami)

Alfredo Sánchez camina para agradecer por la recuperación de su hija. (Guillermo Rodríguez Adami)

En la misma línea opina Edgardo Díaz (57), de Villa Crespo. «Acá uno encuentra desde un católico acérrimo hasta un pañuelo verde y parejas de todo tipo», dice. «Si lo que sucede en esta convocatoria lo trasladáramos a la vida cotidiana, viviríamos en otro país», concluye.

Print Friendly, PDF & Email

También te podría gustar...