Penitencia política

Los caprichos del calendario han querido que este año la campaña electoral de las generales se meta de lleno en la Semana Santa que hoy comienza oficialmente, aunque llevemos tres días viendo pasos en las calles, caso de Jerez. Semejante tentación no pasa desapercibida en los cuarteles generales de la mayoría de los partidos políticos, que han diseñado a medida de sus candidatos estos días de Pasión como si de tallarse para cargar un paso se tratase. Tampoco para aquellos partidos que aprovechan la mínima para meterse con la religión y todo lo que comporte el papel de ésta en nuestra Historia.

Lo cierto es que están previstas muchas presencias de candidatos a las próximas elecciones, generales y también municipales, a las hermandades que tienen a sus titulares ya en los templos dispuestos a salir si el tiempo no lo impide. Y eso es algo que cada vez está peor visto incluso dentro de las propias cofradías (véase el caso de Málaga con la procesión de la Legión) que asisten a veces con resignación ante el repentino furor de cargos locales y sus jefes que vienen ‘de arriba’ estos días animados también por el sol de las playas y los buenos vinos y ‘peces fritos’.

No se dan cuenta en muchos partidos de que mezclar política y fe religiosa, de manera muy impostada en ocasiones, hace un flaco favor a la primera (si es que puede estar más denostada) y al sentimiento que supone la creencia o la devoción hacia unos titulares. ¿Algún político en su sano juicio puede pensar que a estas alturas de la película hay quien va a rascar un voto por estar en una procesión? Cosa bien distinta, y esto conviene dejarlo claro, es que un político que no sea candidato o que ostente un cargo de representación pública quiera participar en una procesión invitado por la corporación correspondiente, o que lo haga a título personal, como creyente o devoto sincero y fiel, sin relevancia institucional y dentro del mayor anonimato posible. Porque no se puede tampoco castigar a un creyente con no poder ejercer sus convicciones en esta época del año por ser político. Bueno, todos nos entendemos y sabemos de lo que hablamos: que hay políticos ‘creyentes’ cada cuatro años.

Teníamos la esperanza de que la Semana Santa, un período que se vive de una forma tan diversa como personal, sirviese como tregua para un periodo tan intenso como la campaña electoral, que a efectos prácticos se remonta a varios meses atrás. Nada más lejos de la realidad. Entre paso y paso tendremos campaña hasta en la sopa porque, dicen en los partidos, estamos en un país laico, lo que ellos mismos contradicen al asistir a los actos de las hermandades. Con cosas así se extrañarán luego los partidos de que gran parte del electorado no tenga claro aún a quién votar, lo que les tiene muy nerviosos. O de que haya partidos que las estén pasando canutas para encontrar candidatos. O de que las encuestas cambien cada dos por tres. Esa es la penitencia que les toca hasta el 28 de abril.

Rafael Navas

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*Los artículos de opinión expresan la de su autor, sin que la publicación suponga que el Observatorio del Laicismo o Europa Laica compartan todo lo expresado en el mismo. Europa Laica expresa sus opiniones a través de sus comunicados.

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