Peña y Mancera en El Vaticano

Un poco ocioso resulta hablar de laicidad atropellada por la visita de un jefe de Estado a la inauguración de un nuevo Papa. Pero eso ha sucedido con la visita de Enrique Peña Nieto al Vaticano para la misa de inauguración del papa Francisco.

Visita que además coincide por pocos días con la conmemoración del natalicio del adalid de la laicidad, Benito Juárez.

Se ha dicho que no se mide con el mismo rasero a los panistas y sus acercamientos a temas religiosos que a los priistas. Quizá sea cierto. Pero el arranque panista digamos que no fue del todo diplomático.

El primer presidente del PAN, Vicente Fox, decidió romper con la tradición de casi 140 años de laicismo y acudió a la Basílica de Guadalupe antes de ir al Congreso a asumir la banda presidencial. Todo ello mientras los partidos políticos fijaban sus posturas en tribuna.

Posteriormente, ese mismo 1 de diciembre del año 2000, en un evento en el Auditorio Nacional, Fox dio un discurso que fue interrumpido por su hija Paulina, quien subió al escenario para entregarle un crucifijo al nuevo Presidente, el primero del PAN.

Nada similar ha ocurrido con el priismo de ahora ni con el priismo ininterrumpido que mantuvo 70 años el Poder Ejecutivo.

Se ha dicho también que Peña es el primer Presidente priista en acudir públicamente a una misa de este tipo, lo cual es más que evidente. La última vez que hubo una misa de inauguración de un Papa fue en el 2005. Entonces era Presidente el panista, Vicente Fox.

Antes de esto, cuando murió Juan Pablo I y asumió el papado Juan Pablo II, México y El Vaticano no tenían relaciones diplomáticas. No fue sino hasta el 21 de septiembre de 1992 cuando, en la Presidencia de Carlos Salinas de Gortari, se reformó el artículo 130 de la Constitución y entonces se establecieron las relaciones entre ambos estados por primera vez.

Por eso Peña Nieto es el primer priista en acudir a una misa de este tipo y en un acto público que, no olvidemos, no deja de ser el equivalente a la toma de posesión de un Jefe de Estado.

Un escenario distinto ha sido la visita del jefe de Gobierno del DF, Miguel Ángel Mancera, a esta misma misa de inauguración.

Por una parte, resulta un acto valiente que abre la posibilidad de que se le cuestione desde las alas más liberales en la Ciudad de México su decisión de acudir a ver a un personaje que se ha declarado en contra de muchos de los grandes temas sociales de la capital: matrimonios entre personas del mismo sexo; la homosexualidad misma; el aborto y los métodos anticonceptivos… por mencionar los más importantes.

Por otra parte, parece que hubo una falla en el equipo de comunicación del jefe de Gobierno al dar a conocer los motivos y la forma como se sufragó el viaje.

Tener en primera plana de uno de los diarios más leídos que El Vaticano desmiente haber invitado y pagado el viaje, tal y como se dijo antes, es generar una crisis innecesaria. Hoy  Mancera ha aclarado que el pago fue de su bolsillo y que los días en Europa se le descontarán de su sueldo. Entonces, ¿por qué la crisis de comunicación?

Mancera llegó como candidato ciudadano, bajo el emblema del PRD, a la jefatura de gobierno. Lo hizo con una votación abrumadora debido a su buen desempeño como procurador de una ciudad que en otros momentos ha destacado por su violencia.

Es un político carismático que cuenta hoy con capital político para hacer mucho en el DF. Ningún sentido tiene gastar ese capital en un tema como el viaje al Vaticano.

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