Pelea en las universidades turcas: velo sí o no

El debate del velo en los espacios públicos no solo se produce en la Europa occidental. En Turquía está prohibido llevar el hiyab en edificios públicos, incluidos los centros educativos. Aunque es un país de mayoría musulmana, su laicid

Zeynep Nur Incekara, una joven estudiante de Medicina en la Universidad de Estambul, lleva años acudiendo a clase cubierta con gorro o a veces con peluca, en sustitución del velo islámico o hiyab, que está prohibido en los edificios públicos de Turquía.

Tras ser expulsada de clase dos veces el año pasado por oponerse al código de vestimenta de la universidad, Incekara decidió pasar a la acción. Escribió a la Oficina de Derechos Humanos del primer ministro quejándose de que su derecho a la educación estaba siendo restringido, y exigió que se tomasen medidas para evitarlo. Ese gesto ha convertido a la joven, muy a su pesar, en el centro de la tormenta política.

La carta de Incekara fue remitida al Consejo de Educación Superior de Turquía (el YOK), que dictaminó que no se justificaba su expulsión de clase por “actuar en contra del régimen disciplinario”. “Estamos en contra de que se expulse a cualquier persona de una aula por su forma de vestir”, declaró al canal de televisión NTV Yusuf Ozcan, presidente del YOK, quien añadió que se comunicaría esta decisión a las universidades.

La decisión del YOK es por ahora el último paso en la batalla que están librando en Turquía la creciente clase media musulmana y los poderes políticos laicos, que no están acostumbrados a que se pongan en duda sus ideales.

Para la mayor parte de las mujeres que viven en países de mayoría musulmana la decisión de cubrirse la cabeza no es algo que se cuestione. En algunos países es una exigencia. Pero en Turquía, una país musulmán cuya identidad se basa en el laicismo del estado, la opción de cubrirse la cabeza tiene una fuerte carga política.

Con el paso del tiempo el velo ha llegado a representar para los sectores más laicos de la sociedad turca una manera de debilitar los principios fundamentales del estado establecidos por su padre fundador, Mustafá Kemal Ataturk, lo que les podría dejar expuestos a la islamización.

“El pañuelo como un objeto es percibido de manera diferente por los diferentes actores políticos”, afirma Ozge Genc, responsable de Tesev, un grupo de Estambul experto en religión, estado y sociedad. “Algunos lo perciben como un símbolo político, algunos como un símbolo de piedad, algunos como un derecho humano”.

El asunto del hiyab colea en Turquía desde la década de 1960, cuando se prohibió por primera vez a una alumna que lo llevaba entrar en una universidad. La polémica llegó a su punto álgido en 1997, cuando el Gobierno de coalición liderado por el islámico Partido del Bienestar fue apartado del poder y la prohibición, que hasta entonces existía más bien en teoría, comenzó a ser aplicada de manera estricta.

Hace dos años, cuando el gobernante Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP por sus siglas originales), de corte islamista, intentó levantar la prohibición, el alto tribunal de Turquía lo impidió por suponer una amenaza contra el laicismo del estado. Poco después se produjo una votación para intentar prohibir al propio AKP.

La directiva del YOK, en lugar de suponer un punto de inflexión, es en cierta manera un reconocimiento a una tendencia que se está produciendo silenciosamente desde hace un tiempo. Es cada vez mayor el número de universidades turcas a las que las mujeres pueden acudir con pañuelo en la cabeza.

El periódico turco Radikal publicó hace poco una lista que incluía ocho universidades en las que no se aplica la norma de no-hiyab; 31 donde los pañuelos se permiten en el campus pero no en las aulas, y 29 donde se aplica la ley a rajatabla. Dónde y cuándo se aplica la prohibición sigue siendo no obstante bastante desconocido, algo que algunos segmentos de la sociedad critican y otros apoyan. En todo caso, se aplica de manera indiscriminada.

La prohibición del hiyab en las universidades no aparece de manera específica en las leyes o constitución de Turquía, que de hecho reclaman la libertad de vestimenta. Pero debido a una complicada interpretación legal, el hiyab siempre ha estado en una especie de zona gris.

La decisión del YOK, aunque ha sido aplaudida por quienes luchan por poner fin a la prohibición, dista de solucionar el problema. Algunos interpretan el referéndum constitucional celebrado el mes pasado, que se traducirá en cambios en el estamento judicial, como otra oportunidad para terminar oficialmente con el debate del pañuelo. Otras voces se mantienen escépticas.

“La respuesta del YOK es progresista porque reconoce que la prohibición del pañuelo no se basa en la ley, que es arbitraria”, asegura Fatma Benli, abogada y defensora de los derechos humanos que representa a Zeynep. “Pero por supuesto que no es suficiente”.

Benli, que usa hiyab, está más familiarizada que muchos otros con las barreras oficiales e informales que obstaculizan el camino de las mujeres que se cubren la cabeza en el mundo académico y profesional. “Como no pude defender mi tesis frente a un jurado tuve que dejar la universidad. Me convertí en abogada, y aunque tengo mi propio bufete todavía no puedo acudir a mis juicios, o utilizar mis derechos ante la Justicia como cualquier persona normal”.

El sector público turco prohíbe a los funcionarios utilizar pañuelos en la cabeza, lo que limita las oportunidades de trabajo de las mujeres a las empresas del sector privado, según analiza un informe realizado por Tesev.

“Creo que levantar la prohibición del uso del pañuelo en las universidades será con el tiempo algo general, de manera formal o informal”, afirma Genc. “Pero en lo que respecta al sector público, la guerra será mucho mayor”.

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