Pekín prohíbe a una parte de los católicos viajar a Corea del Sur

Dos asuntos separan a Pekín del Vaticano: el reconocimiento de Taiwán y el nombramiento de obispos.

El papa Francisco transmitió ayer sus «mejores deseos» al pueblo chino en un mensaje dirigido al presidente, Xi Jinping. No es más que la fórmula protocolaria papal cuando transitan por el espacio aéreo de un país, pero el caso chino es especial: la última vez que un papa pidió a Pekín atravesar sus cielos fue en 1989 y recibió una negativa.

Las esperanzas de que su visita a Asia aceiten las relaciones entre Pekín y el Vaticano se desvanecieron pronto: China ha prohibido viajar a la mitad del centenar de cristianos que querían ir a Seúl, según un portavoz surcoreano.

El Vaticano y Pekín arrastran décadas de desencuentros, que empezaron poco después de que Mao Zedong y su laicismo innegociable llegaran al poder en 1949.

Con el papado de Juan Pablo II, un reconocido enemigo del comunismo, las relaciones cayeron a su punto más bajo. Los posteriores Benedicto XVI y Francisco han intentado tímidos acercamientos, pero continúan separados por cuestiones básicas y sin relaciones diplomáticas. El conflicto es inevitable porque no existen países más celosos de su poder omnímodo que China y el Vaticano.

ENCONADO CONFLICTO / Pekín permite todos los cultos desde la apertura económica, pero siempre bajo las iglesias oficiales, lo que ha derivado en un enconado conflicto por la gestión de los 12 millones de católicos chinos. China no admite que ninguna organización sea liderada por personas de fuera del país, como ocurre con el Papa desde Roma.

En China conviven la Asociación Católica Patriótica, dependiente de Pekín, y las comunidades clandestinas leales a Roma. Aunque la prensa occidental acostumbra a presentarlas como enfrentadas e incomunicadas, muchos fieles alternan misas de uno y otro bando por criterios de simple proximidad geográfica.

Dos asuntos separan a Pekín del Vaticano: el reconocimiento de Taiwán y el nombramiento de obispos. En los últimos años se ha conseguido cierto pacto tácito consistente en que los obispos ordenados por Pekín buscan secretamente la aprobación de Roma. Esta sólo rechaza a los que manifiestamente se muestran más preocupados por defender el comunismo y la unidad nacional que por la salvación de almas.

El último veto del Vaticano, en 2010, provocó la ira china, al igual que la renuncia pública a la Iglesia nacional del entonces obispo de Shanghái, Thaddeus Ma Daqin, dos años atrás.

Bergoglio en Corea 2014

El gobierno chino no permitió la salida de algunos ciudadanos chinos a Corea del Sur, donde se realizará un encuentro con jóvenes. (Reuters)

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