Pederoclastia, justiciclastia…

Una instalación artística puede ser abordada desde  diferentes perspectivas. Las que mejor le acomoden al observador. No tiene que ser necesariamente bella, aunque sea deseable. Lo que sí ha de ser hermosa, brillante, sugerente es la intención. Si es una composición que denuncia o promueve, o divulga, éstos fines  son los que han de albergar la belleza, el progreso, el sendero que conduzca al triunfo de la humanidad.

Pertenecemos a una sociedad multiproblemática que va abriéndose paso ante las dificultades de toda índole que le salen al paso, superando una tras otra etapas, períodos en los que cuando estábamos inmersos no parecía posible que un día los pudiéramos recordar desde un futuro construido sobre la derrota de aquella amenaza que no sólo no nos tragó sino que nos hizo más fuertes, más inteligentes y más dignos y decentes.

Paidos, la palabra de la que proviene etimológicamente el título de la exposición del artista toledano, es la raíz componente de palabras como pedagogía, pedofilia o pederastia; junto con clastos que en castellano significa fragmento, pedazo, cacho, trizas, conforman al unirse “infancia hecha pedazos, infancia destrozada”  un mensaje que si lo envolvemos en una escenografía católica,  emite un mensaje que vibra en una onda que cualquiera puede percibir al margen del idioma en que haya sido educada la persona. Esa misma vibración es la que emite la conjunción de justicia y clastos. Esa vibración clama en Pederoclastia.

Todos sabemos lo que es el intento de destruir la justicia tratando de forzarla a vestir la indumentaria clerical de cualquier confesión que la pretenda poner al servicio del teocentrismo. Un desastre. Un desastre que la historia de la humanidad conoce iluminado por hogueras, escrito en lóbregas mazmorras por escribanos que asistieron a torturas y confesiones a mayor gloria de un dios psicópata y en menoscabo de la justicia humana, racional y modesta que con esfuerzo e inteligencia nos sirve y a la que pretendemos servir.

El Juzgado número 2 de Toledo ha abierto diligencias contra la exposición Pederoclastia, del artista toledano Fernando Barredo, a instancias de doña Polonia, presidenta de una asociación autodenominada Abogados Cristianos y que acusa al artista y estudia hacer extensiva la denuncia a los propietarios de la sala en la que se expone la obra, de los delitos que denuncia Pederoclastia. Resulta extraño que una asociación con el nombre de la  que preside doña Polonia se irrite con quien señala a los que vierten cieno sobre  una confesión religiosa con sus abusos y prácticas sexuales prevaliéndose de la autoridad moral que ostentan sobre menores a los que escandalizan y desgracian, y no contra quienes violan la intimidad y el derecho de los niños católicos puestos bajo  su tutela. Llama la atención que quienes dicen ser cristianos  con formación en derecho fallen el tiro interponiendo denuncias que amparan a los que satisfacen sus bajos instintos sexuales avasallando a los pequeños cristianos a los que dicen servir y  que estando indefensos ante el capricho venal de aquéllos, son sometidos a toda clase de repugnantes atropellos por parte de autoridades sacerdotales cristianas que denigran ese nombre, cada vez más sinónimo de prácticas indecentes sobre menores de ambos sexos.

Me pregunto cómo una asociación como la de doña Polonia no es llamada al orden desde los púlpitos que el comportamiento de los protegidos de doña Polonia envilecen.

Fernando Pérez Martínez
Print Friendly, PDF & Email

También te podría gustar...