Patxi López: laicismo y poesía

Ese día y en ese acto Patxi López marcó un hito en la historia de la democracia vasca y española; no juró su cargo ante la biblia, sino ante el Estatuto de Gernika, y eludió los símbolos religiosos y la frase protocolaria y medieval "Ante dios humillado…",

Por motivos más que evidentes, los políticos, en general, suelen tener muy mala "prensa", como corroboran numerosas citas y chanzas que pueblan el ideario colectivo al respecto; el historiador escocés William M. Ramsay decía, en tono crítico y jocoso, que "prefería votar al político que menos prometía, porque sería el que menos le decepcionara". Parte de razón tiene, sin duda, esta sentencia si nos dedicamos a poner atención a las manifestaciones de algunos personajes, especialmente a las vertidas en época electoral. Parte de razón, pero, afortunadamente, no toda. Y me explico:

En el caso concreto de España, la cita de Ramsay se llena de contenido si fijamos la mirada en la derecha-ultraderecha que tenemos en ciernes. Sus promesas son, justamente, lo contrario a su ideología esencial; hablan de tener la solución a la crisis económica, pero se callan su gran responsabilidad en ella; dicen defender a ultranza la institución familiar, pero se oponen a ampliar la licencia por paternidad, acusan al gobierno de corrupción, cuando la corrupción más infame habita en sus filas; atribuyen a otros la responsabilidad del paro y la pobreza mientras, de manera solapada, defienden la riqueza de unos pocos a costa de la pobreza de muchos,….y, en definitiva, utilizan su discurso para manipular a la ciudadanía con el exclusivo fin de recuperar el poder.

No pretendo decir que el cinismo político sea exclusivo de la derecha; en todos lados "cuecen habas", y ejemplos de arribismo, de servilismo a ciertos grupos de poder, de indecencia y de oportunismo probablemente los podemos encontrar en cualquier ámbito del espectro político. Pero, felizmente, no todos los políticos son iguales; existen hombres que nos inyectan a los ciudadanos una buena dosis de esperanza y nos hacen recuperar confianza en la clase política. Patxi López es, al menos para mí, uno de ellos.

No lo va a tener fácil Patxi López como lehendakari; el “problema vasco” es complejo y de raíces ignotas y profundas. No sé el modo en que dirimirá el problema terrorista, la alianza de su ejecutivo con la derecha, ni el difícil contexto económico con el que tendrá que encararse en su mandato. Pero intuyo que es un demócrata convencido, un socialista cabal y un político coherente. Lo ha demostrado en su toma de posesión del cargo como presidente del Gobierno vasco.

Ese día y en ese acto Patxi López marcó un hito en la historia de la democracia vasca y española; no juró su cargo ante la biblia, sino ante el Estatuto de Gernika, y eludió los símbolos religiosos y la frase protocolaria y medieval "Ante dios humillado…", expresando su lealtad a la Ley y a la sociedad vasca. Se atrevió a evidenciar su sometimiento, como cargo público, no a ninguna creencia, religión, secta o confesión, sino a los ciudadanos.

Lo que puede parecer a simple vista un mero formalismo protocolario significa, a nivel simbólico y profundo, un hecho a celebrar para un amplio sector social que lleva mucho tiempo exigiendo a los poderes públicos que se cumpla de facto la aconfesionalidad sobre la que se debe articular el Estado; aconfesionalidad que debe afianzar los derechos de todos los ciudadanos, y que debe replegar los asuntos de creencias religiosas al ámbito de lo privado y personal.

El acto fue, por tanto, histórico y laico; y, al final del mismo, López, en lugar del encorsetado discurso de turno, leyó dos poemas. Uno de ellos (de la poetisa polaca Wislawa Szymborska) habla de semejanzas entre diferencias, de identidades fundidas, de sutiles complicidades…, de afectos, de personas, de permanencias e impermanencias,…o sea,… de la vida. Unos versos plenos de sabiduría profunda y de sensibilidad poética, junto a la coherencia política y personal de no rendir vasallaje a lo religioso en un acto público, me inspiran, la verdad, una gran confianza, a la vez que me confirman la idea (a la que no quiero renunciar) de que el humanismo y la decencia también pueden hallarse en política.

Coral Bravo es doctora en Filología y miembro de Europa Laica

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