Pastafaris de Alicante piden al Ayuntamiento que les ceda la banda municipal para un «acto religioso» como han hecho con otras confesiones

Responden al nombre de pastafaris, celebraron el 18 de abril su primera boda oficial (en Nueva Zelanda) y cuentan con miles de seguidores en todo el mundo. Su credo: adorar la pasta en todas sus formas. Su dios: el gran Espagueti Volador, un monstruo que provocó la expulsión del hombre y la mujer del Paraíso por «un pequeño accidente de cocina».

La religión paródica del Espagueti Volador -o pastafarismo- nació en 2005 en Estados Unidos, donde acaba de ser desechada como oficial por una juez. Actualmente sólo está reconocida en Nueva Zelanda y Holanda. Su creador, el físico Bobby Henderson, utilizó este instrumento satírico durante la era Bush para criticar a las religiones que el Gobierno de su país consideraba oficiales y que, en opinión de Henderson, recibían beneficios arbitrarios respecto al resto de asociaciones ciudadanas. A partir de ahí se ha extendido a todo el mundo bajo el dogma de que la pasta es «un don» con el que el Espagueti Volador «ha obsequiado a los seres humanos».

En España es un fenómeno minoritario, a pesar de que ya intentó registrarse como oficial en 2010. Sin embargo, quiere hacerse oír con pequeños gestos reivindicativos. Este lunes exigieron por escrito al Ayuntamiento de Alicante que les preste la banda de música municipal para una homilía (la Bendición de las Aguas del Mar) que se celebra el 8 de mayo en el espigón de la playa del Cocó.

Lo que piden los pastafaris es simple: que toquen el «himno Paquito el Chocolatero» y «otras obras» entre las 12.00 y las 14.00 horas, acompañando las palabras del «reverendo Paster Tiamat». Y argumentan que el consistorio, gobernado por un tripartito de izquierdas, ya ha cedido el uso de la banda a «otras confesiones», en un claro guiño a la participación de los músicos en las procesiones celebradas en Semana Santa.

La presencia de los trabajadores públicos en este tipo de actos ha provocado polémica entre los socios de Gobierno, especialmente porque el área del que dependen (Cultura, controlada por Guanyar) está en contra de usar recursos públicos en cualquier tipo de actos religiosos. De hecho, en la formación de izquierdas consideran que la participación pública «es inconstitucional».

Ahora se enfrentan al dilema de dar una respuesta oficial a los pastafaris, quienesse despiden animando a los escépticos a probar sus ocho majamientos «durante 30 días». «Si no te gusta probablemente tu antigua religión te acepte de nuevo», dicen.

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