Pásale factura al Papa

Tal vez debido a que aún no ha logrado perfeccionar el don de la ubicuidad que se le presume a su jefe inmediato, el papa de los católicos ha de seguir viajando –en jet privado- para prodigar su propia imagen y la devoción a la misma mediante el ejercicio del gorroneo, es decir, pagándose sus visitas a casa del vecino a costa de los demás.

En esta ocasión, durante el mes de agosto, le toca a España sufrir a tan aprovechado personaje. Vale que cada cual, según sus propias creencias, pueda organizar lo que quiera, ya sea unas jornadas para rezar en rebaño o para exigir que se acabe el hambre en el mundo justo antes de ir a comer a McDonald´s. Lo que no es de recibo es que este tipo de eventos lo tengamos que pagar entre todos, creyentes y no creyentes. La visita del papa-ayatolá católico a Madrid le costará al Estado español más de 25 millones de euros y la movilización de siete ministerios, a lo que hay que sumar otros 25 millones que de forma particular aportan diversas empresas privadas y multinacionales (con las correspondientes exenciones de impuestos) y los gastos de la Comunidad de Madrid y del propio Ayuntamiento, cuyo costo superará seguramente los 30 millones. En total, más de 80 millones de euros gorroneados en una visita que, para el caso y en los tiempos que corren de avances tecnológicos, podía ser sustituida igualmente por una videoconferencia acompañada del reparto de unas cuantas estampitas y unos pines. Y eso que estamos en crisis.

Hasta el papa Gregorio VII, amante de la condesa italiana Matilde Canossa (quien, curiosamente, está enterrada en las criptas del Vaticano, rodeada de todos los santos padres), los curas católicos se podían casar alegremente. Unos tenían esposa legítima y otros concubina. De las dos opciones hoy día sólo es posible la segunda. Gregorio VII puso fin a esto en 1075 a raíz del problema que surgía con los hijos. Si existía descendencia había herencia, con lo cual la Iglesia perdía los bienes atesorados en la Tierra, que son, al fin y al cabo, los que cuentan. A partir de entonces comienza una vertiginosa razia por parte de esta institución hasta convertirla en la multimillonaria organización que hoy día es. Quien haya estado en el Museo Vaticano habrá podido admirar el secular saqueo de las maravillas del mundo a lo largo de la Historia, lo cual lo convierte en una especie de cueva de Alí Babá y los cuarenta yasesabe. En consonancia actual, la nueva Ley Hipotecaria del Estado español permite a la Iglesia registrar a su nombre inmuebles como “templos, cementerios o casas sacerdotales y otros bienes que, hasta ahora carecían de títulos de propiedad y que habían sido financiados por los ciudadanos, por un ayuntamiento o que no tienen herederos conocidos”.

La Iglesia católica se embolsa del Estado español anualmente unos 10.000 millones de euros. Ante el argumento propagandístico de la misma de que cada euro que el Estado invierte en la Iglesia ésta lo devuelve a la sociedad multiplicado por 2,73 (Conferencia Episcopal dixit en abril de 2011), cabe aclarar que ésta es una opinión-trampa bastante falsa, pues se basa en datos no comprobables. La llamada obra social de la Iglesia va acompañada de un claro proselitismo y de políticas a veces contrarias al Estado de Derecho, tales como las campañas fundamentalistas contra el matrimonio homosexual, el divorcio, el aborto, la muerte digna, la educación afectivo-sexual, etc., etc., muchas de ellas llevadas a cabo dentro de espacios eminentemente laicos, tales como ayuntamientos y colegios públicos. Así, se confunde justicia y transformación social con caridad y limosna interesada, al tiempo que se sustraen fondos estatales que podrían ser invertidos en otras organizaciones laicas que desarrollan la misma labor con menos medios y menos intereses ideológicos.

Quien desee saber más sobre los tejemanejes económicos de esta Iglesia cuyos bienes SÍ son de este mundo puede informarse en www.laicismo.org y, de paso, pasarle factura al papa.

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