Parte de la intervención del Dr. Georges Liénard Secretario General de la Federación Humanista Europea en el Encuentro de Roma 2003

Las raíces cristianas. La Historia de Europa es la historia de la resistencia a la violencia del cristianismo y del catolicismo como religiones de poder. No son ciertamente los golpes, las cruzadas y las fechorías de la confusión teológico-política quienes han producido la Europa de las Luces y los Derechos del Hombre.

Los  grandes valores que ha fundado el derecho, son debidos a la lucha  contra 15 siglos de civilización judeo-cristiana. Unir los valores a  un origen espiritual particular significa menospreciar a los otros y  querer dividir a las personas. Cuando un ideal lleva consigo la  emancipación de todos los hombres, se libera de su origen histórico y  asume una universalidad que vale para Europa y para el mundo entero,  y debemos invitar a los ciudadanos a unirse sobre  los valores  indivisibles de libertad, igualdad y fraternidad. Por otra parte una  constitución no es un libro de historia, es un documento que establece algo para todos los ciudadanos,  como consecuencia toda palabra que allí se encuentra se convierta automáticamente en el  fundamento posible de una regla:  hablar de las raíces cristianas de la Unión Europea significa dar un fundamento constitucional a las  pretensiones de los que, en nombre de tales raíces, quieren  introducir igualmente en el ámbito de la Unión, poderes, privilegios  e inmunidad para las confesiones cristianas. En segundo lugar, de la  misma forma que en las constituciones de Estado la tutela específica  de la libertad religiosa no sirve para proteger la religiosidad del  individuo sino para el poder, el privilegio y la inmunidad de ciertas confesiones religiosas, igualmente en el ámbito de la Unión, esa  referencia innecesaria a la libertad religiosa podrá servir mañana, o  quizá ya hoy, para justificar la concesión de poderes o privilegios  particulares, o de inmunidad a algunas o incluso a todas las  confesiones religiosas.

Las religiones. La Iglesia aliada con el poder es el adversario de la  coexistencia pacífica entre los pueblos. La historia nos demuestra que todas las religiones han intentado imponerse por la fuerza,  porque también toda religión representa una amenaza para los otros ya  que ninguna está libre de integrismos. El concepto de dios y del  mundo decidido por el clérigo, encierra a sus adeptos en un gueto y también mete en un gueto a los que están excluidos.

Las instituciones religiosas han buscado siempre acrecentar su  influencia y obtener  fondos públicos y privilegios, que, en el curso del tiempo, llegan a ser violaciones de los principios fundamentales de los Derechos del Hombre establecidos por nuestras constituciones.  Un concordato entre el Estado y la Iglesia no es otra cosa que una  larga lista de obligaciones unilaterales del Estado sin ninguna contrapartida, que abre la puerta a exigencias siempre nuevas, tales como (en Italia) la presencia de crucifijos en lugares públicos, que no está prevista en el concordato. La existencia de un sistema de acuerdos con diversas religiones significa que un país es pluriconfesional y no que es laico, desde el momento que excluye, y por tanto somete a discriminación, a las personas que están libres de cualquier confesión o que pertenecen a confesiones no reconocidas por el Estado. Bajo la influencia de las religiones, los ateos y los agnósticos han sido definidos solamente por un prefijo privativo o una negación: es la mejor forma de negarles la posibilidad de comunicar sus valores.
La libertad de religión. Tanto en el lenguaje común como en el de los juristas, las leyes y actos administrativos que otorgan poderes e inmunidades a las instituciones religiosas se venden bajo el nombre de << libertad >>,  palabra y concepto noble e inatacable, de manera que se  confunde su sentido. El resultado es una evidente asimetría querida y organizada por las autoridades públicas, entre confesiones religiosas por un lado y ateos o no religiosos por otro, mientras que el concepto de libertad religiosa que nosotros defendemos forma parte de la protección de la vida social y común, de todos con todos. La libertad religiosa está plenamente protegida por las otras libertades, en particular por las de conciencia, expresión, asociación, porque está incluida en ellas, a la luz del principio de igualdad. Si esas libertades están protegidas de forma adecuada, de la misma forma estará protegida la libertad religiosa. Mencionarla a parte, como lo hace el ante-proyecto de Constitución europea, constituye un privilegio y como consecuencia una discriminación para los que están excluidos.

La laicidad, es la posibilidad de vivir juntos para personas libres de manifestar sus ideas sin imponerlas con la ayuda del poder constituido. Es la tolerancia y la curiosidad hacia los otros, el rechazo del dogmatismo y también de la vetusta oposición conceptual entre «verdad» y «error». Es el respeto a las convicciones personales de cada uno, que corresponde al deseo ardiente del hombre de investigar las razones supremas de su propio ser. Es la libertad de cada uno y de todos en todas partes.. En la esfera pública, es decir, fuera de su propia casa y de su iglesia, las personas deben poder encontrarse sin etiqueta religiosa o ideológica, porque entonces entran inevitablemente en competición, con la tentación de conquistar otros espíritus y otros corazones. La laicidad no entra en conflicto con la religión entendida como religiosidad  individual, sino con la religión del poder. La repulsa hacia la alianza entre conciencia y poder existe entre personas religiosas que rechazan el tráfico ilícito entre autoridad política y religión. Nuestro concepto del mundo y de la vida debe ser libre y facultativo. Ni las religiones, ni el humanismo ateo deben ser obligatorios ni estar prohibidos. En todos los aspectos, en la sociedad se debe respirar el aliento de la amistad y de la concordia entre todos los seres vivos.

La escuela. La escuela puede hacer poca cosa si la sociedad no es libertaria, pluricéntrica, democrática. Es deber de la escuela laica educar en la universalidad, en las relaciones y en el conocimiento, en la preparación cultural, en el saber ser uno mismo y capaz de vivir en el mundo real. La libertad de aprendizaje no se identifica totalmente con la posibilidad de elegir, por parte de las familias, la escuela que corresponde mejor con sus propios prejuicios ideológicos y culturales, perpetuando y consolidando así, las identidades que han sido ya impuestas a los niños en los primeros años de su vida. La libertad del estudiante debe ser protegida también frente a tales pretensiones familiares, permitiéndole encontrar perspectivas culturales diferentes en un medio que favorezca la comparación; y una tal libertad, realmente no está  garantizada por    el pluralismo de las escuelas confesionales u orientadas ideológicamente, sino por el pluralismo en el seno de una escuela pública y laica. Los niños deben aprender el valor de la igualdad en la escuela, en su primer contacto con las instituciones  públicas, y  por consiguiente gozar de los mismos derechos. Deben saber que los conocimientos son universales, pero las creencias son individuales y que la religión y el ateismo pertenecen a la esfera privada. Los cursos de religión en la escuela pública constituyen un déficit de laicidad porque la petición de su derogación por parte de ateos y agnósticos significa que la religión es la norma y que la no-religión es una supresión de la norma. Esto acostumbra a los niños a considerar legítimas las discriminaciones.

La escuela debe formar la libertad de conciencia y la autonomía de juicio no menos que la búsqueda de la coherencia entre pensamiento y acción. La tendencia a la especialización que existe en los colegios constituye  una pérdida enorme de cultura y aumenta las divisiones entre las personas. Los principios fundamentales de la laicidad en una Europa unida. Cuando un pueblo se constituye como comunidad política de derecho, como res publica, y decide escoger la laicidad, debe plantearse tres cuestiones:

a)¿Es legítimo que un grupo imponga sus valores a los otros grupos?. No, la conciencia humana debe ser libre. La libertad religiosa es solamente un caso particular de la libertad de conciencia y los textos jurídicos deben definir todo el término de la forma más amplia posible. Es el primer gran principio de la laicidad.

b) Es legítimo que un grupo goce de privilegios que los demás no tienen?. No. Ya en 1789 la revolución francesa estableció que los hombres nacen y son iguales y libres. La igualdad y la libertad no son negociables, los poderes públicos no pueden ni concederlos ni negarlos. Son valores intrínsecos a la dignidad humana. La igualdad ante la ley es el segundo principio de la laicidad.

c) La ley es común a todos. ¿Puede prever ventajas para unos y no para otros?. No. La razón de ser de la ley y su única finalidad es el interés general y el bien de todos. La ley es productora universal.

Es el tercer gran principio de la laicidad. Los regímenes de Iglesias de Estado y de concordato existen en Europa contradiciendo la igualdad de los ciudadanos y son, por consiguiente, contrarios a la laicidad. Como esto ha ocurrido en el caso del  materialismo histórico erigido en régimen oficial del Estado, o en la Polonia de hoy, que impone la oración en las escuelas públicas. Pero la opresión secular del ateismo y del agnosticismo por las Iglesias no significa que para ser laico sea preciso invertir el dominante y el dominado, es decir tomar el lugar de la iglesia.

El ideal laico es grande y hermoso porque acoge a todos los hombres en el mismo plano de paridad y suprime el principio de dominación ejercido en nombre de una elección espiritual. Tiende a eliminar toda dominación del hombre sobre el hombre, y es por consiguiente universal. La esfera pública no debe ser pluriconfesional, sino rigurosamente aconfesional. De otra forma la unión no se realiza mas que entre algunos y no entre todos y la unidad no puede constituir la negación de la diversidad. La laicidad es el lugar común a todos los hombres mas allá de sus diferencias y no solamente un mosaico de diferencias. Las diferencias no son negadas, sino afirmadas con la moderación y la contención que permiten a las otras diferencias emerger y ser visibles. Esto, consecuentemente no constituye una nivelación, sino el aprendizaje de vivir esas diferencias en la universalidad y la unidad de la humanidad. El mensaje de la laicidad es la liberación de los hombres de la sujeción a una ideología o a una convicción particular. Es un mensaje de libertad y de universalidad que rehúsa toda hipótesis religiosa, todo privilegio en nombre de una elección espiritual y que se distancia de todo grupo integrista o mensaje partidario.

¿Qué enmascara el artículo 51 del proyecto de Constitución europea?. La cuestión fundamental que plantea el artículo 51 no concierne a la religión sino a la laicidad, debido a que este artículo plantea una forma de funcionamiento de la democracia de la Unión europea que restablece la colisión entre el Estado y la Iglesia semejante a la del Antiguo Régimen. El artículo 51 forma parte del título VI: << La vida democrática de la Unión >>, y también  del artículo 46, titulado <> que establece que << Las instituciones de la UE mantienen un diálogo abierto, transparente y regular con las asociaciones representativas de la sociedad civil >> lo que significa que dichas asociaciones pueden expresar sus opiniones al Parlamento europeo, al Consejo de ministros, a la  Comisión. Por lo tanto, e insistiendo sobre su pertenencia a la sociedad civil, las jerarquías eclesiásticas no entienden bien que están incluidas en el artículo 46 y, como consecuencia de una movilización desenfrenada, han logrado que se introduzca en el proyecto del tratado constitucional europeo lo que el tratado de Ámsterdam había relegado a un anexo como declaración adjunta. Veamos las implicaciones de este artículo. En el 51.1, La UE afirma que no tiene nada que decir en cuanto a las relaciones que los Estados miembros tienen con las iglesias. Pero entonces ¿qué ocurre cuando la UE promulga una norma – adoptada seguidamente por el Parlamento y por el Consejo de la Unión europea que los Estados está obligados a incluir en su legislación cuando estas normas conciernen a las iglesias?. La respuesta está incluida. Tomemos el caso de la norma 5/65 sobre la no-discriminación en el empleo: las iglesias así como los grupos dirigidos por ellas, tales como los colegios y hospitales están exentos. Pues si, una situación como esta es probable, si el artículo 51 es adoptado, ningún texto de la UE podrá aplicarse a las iglesias ni a los organismos ligados a todas las actividades secundarias que ellas realizan. Ahora bien, vale la pena recordar que los diferentes sondeos realizados en la UE que se refieren a Polonia indican que solamente del 25 al 30% de la población declara pertenecer a una religión, lo que equivale a imponer la voluntad de la iglesia al 70-75% de los ciudadanos europeos.

El artículo 51.3 compromete a la UE a mantener con las iglesias un << diálogo abierto, transparente y regular >>. Son las mismas palabras que califican el diálogo entre las instituciones europeas y las asociaciones representativas de la sociedad civil. ¿Porqué es preciso un artículo separado para las iglesias?. En un documento oficial de Junio de 2002 dirigido al GOPA (grupo de consejeros políticos del presidente de la Comisión) los obispos europeos indican que sentido atribuyen a la palabra diálogo y eso nos explica porqué las iglesias no han querido ser tratadas de igual forma que las demás asociaciones de la sociedad civil incluidas en el artículo 46. El documento precisa que las iglesias quieren estar asociadas a la fase prelegislativa, ellas piden tener voz en el capítulo de la preparación de las leyes europeas sobre toda materia que les concierne y se reservan el derecho de orientarlas. También piden tener reuniones ocasionales de trabajo con el presidente de la Comisión personalmente, así como sesiones de trabajo regularmente sobre objetivos específicos. Y todavía piden abrir un despacho de enlace en el seno de los servicios de la Comisión con el fin de ejercer oficialmente su acción de lobby cerca del presidente de la Comisión, del Consejo de ministros y del Parlamento europeo con vistas a  desarrollar un emparejamiento con la Comisión. No se trata pues, de un diálogo, sino de la pretensión de intervenir en los momentos esenciales del proceso democrático europeo: el de la elaboración de documentos y el de su adopción. Este tipo de diálogo se llama tutela de las iglesias y mantiene las desigualdades.

Sobre este dossier, los gobiernos no se han movido, solo lo han hecho las asociaciones laicas. La Federación Humanista Europea ha decidido divulgar el documento de los obispos y ha tenido audiciones y conferencias de prensa en el Parlamento europeo junto a asociaciones de la sociedad civil que representan a millones de personas directamente lesionadas por la ingerencia de las iglesias en la vida  personal (familia, divorcio, eutanasia, contracepción, igualdad de género, gays y lesbianas, profesores y también investigación bio-ética, bio-médica etc). Estando presentes también dos organizaciones católicas que agrupan en su entorno numerosas asociaciones de base  que dicen: nosotros somos católicos, estamos en la iglesia, pero nos hemos hecho adultos y no necesitamos una iglesia que nos diga, por ejemplo, si debemos o no tener niños. Se trata de un cambio radical en el que las asociaciones laicas y humanistas deben tenerse en cuenta porque estos grupos, cada vez más numerosos, defienden los mismos principios que nosotros, y continúan siendo religiosos y católicos. Son una espina en el costado de las jerarquías católicas que no se han apercibido pero se apercibirán si el artículo 51 es aprobado.

La campaña continúa. La Convención presidida por V. Giscard d’Estaing ha terminado sus trabajos, y la pelota pasa a las Conferencias intergubernamentales, es decir a los ministros nacionales. Pedimos a todas las asociaciones y a todas las personas que tienen la laicidad en el corazón, que escriban a su Jefe de Estado y de gobierno así como a sus ministros para explicarles cual es el riesgo del artículo  51 y soliciten su retirada. Mientras que el gobierno francés que había  solicitado la supresión del artículo 51 ha cambiado de opinión y ahora lo considera un buen compromiso, el gobierno belga ha pedido oficialmente su retirada. No nos crucemos de brazos y continuemos luchando.

Defendamos nuestro ideal laico común con una ofensiva resuelta y una vigilancia constante, incesante, dura. Unámonos  en una gran manifestación europea por la laicidad que parte de valores comunes a todos los seres humanos.

Print Friendly, PDF & Email

También te podría gustar...