Pañuelo islámico: ¿un ejercicio de libertad individual o símbolo de la discriminación machista?

La fotógrafa Sara Shamsavari firma ‘Las series del velo’, un reportaje sobre mujeres en Occidente que no renuncian al código islámico de vestuario.

Son jóvenes ‘hiyabistas’ que lucen con orgullo sus pañuelos sobre la cabeza.

Esta muestra reabre el debate sobre el ‘yihab’, ya que muchas lo defienden como una libertad mientras que otras lo ven como una discriminación machista.

¿Supone el velo islámico una discriminación para la mujer musulmana o su uso tan sólo responde a la libertad cultural y religiosa de un colectivo? La polémica no es nueva, no son pocos los conflictos que ha habido en España y en otros países occidentales respecto al uso del hiyab, sobre todo en lo referente a la utilización de esta prenda en los colegios.

Ahora, la fotógrafa británica de origen iraní Sara Shamsavari vuelve a poner el foco sobre esta cuestión mediante un reportaje fotográfico titulado The Veil Series (La serie del velo) en el que muestra a jóvenes yihabistas que lucen con orgullo el hiyab, término que suele usarse para referirse al pañuelo que cubre la cabeza pero que en realidad remite a todo un código de vestimenta. No son mujeres de países árabes ni pertenecen a guetos sociales cerrados sino que viven en tres de las ciudades más modernas de Occidente: París, Londres y Nueva York.

La fotógrafa desea que su trabajo muestre la cara positiva del velo islámico. Sus modelos, dice, «son jóvenes, femeninas y visiblemente musulmanas». Por estas tres razones, Shamsavari deduce que «deben hacer frente a muchos prejuicios y malos entendidos, porque vivimos en una sociedad que se dedica a juzgar».

Sin embargo, este mensaje no logra calar en el pensamiento occidental y en España sigue recibiendo la oposición de grupos como la asociación de mujeres juristas Themis. «Tras años de lucha para ganar libertades y derechos para las mujeres en nuestro país, no podemos retroceder. Entendemos que el uso del hiyab conlleva eso, un paso atrás, y que las mujeres que lo utilizan lo hacen de forma impuesta y no por propia voluntad», explica una portavoz de la asociación. «En la intimidad pueden hacer lo que quieran, pero en lugares como la escuela el pañuelo tan sólo sirve para situar a la mujer en una posición inferior a la del hombre», añade.

Abunda en estas ideas la Federación de mujeres progresistas, donde aseguran que el hiyab es «una forma de hacer visible la discriminación de la mujer». «Muchas dicen que es voluntario y que lo visten libremente, pero es una falsa libertad. No es sencillo determinar que algo es voluntario cuando no hacerlo supone un riesgo de aceptación por parte de su comunidad. La posible sanción social es una forma de presión. Además, ¿por qué los hombes no están obligados a cubrirse la cabeza en los lugares públicos y las mujeres sí?», pregunta una representante de la federación.

«También suelen decir que es un signo de afirmación de su cultura. Salvando las distancias, las mutilaciones genitales de algunos países también proceden de creencias culturales y religiosas y eso no las hace admisibles. Es una práctica que atenta contra los derechos humanos. Es decir, la excusa de la tradición no sirve para justificar cualquier costumbre», añade.

La libertad de vestirlo

Las mujeres musulmanas, en cambio, no están de acuerdo con esa percepción negativa del hiyab. En Achime, la asociación de chicas musulmanas de España, se imparten talleres como Hijab: My Right, My Choice (Hijab: Mi derecho, mi elección), lo que deja bastante clara su postura ante este asunto. «El hiyab es una cuestión muy personal que a veces cuesta entender. De hecho, reducir el hiyab sólo al velo que cubre la cabeza es un error, pero de forma resumida, no es más que un acto de adoración a Dios como tantos otros, y que en principio sólo debe importar a la persona que decide vestir de la forma más modesta posible y a Dios. Fuera de esa relación, para el resto de personas debería ser visto como una forma más de vestir», explica Noha, miembro de esta asociación, a 20minutos.

«La idea de que el hiyab en sí mismo sea algo discriminatorio o un mecanismo de represión hacia la mujer carece de sentido. En primer lugar porque la gran mayoría de las mujeres que usan el hiyab lo hacen por decisión propia, y en segundo lugar porque como decíamos antes, en sentido estricto no es más que un «trozo de tela» que puede ser tan opresivo como una corbata o un jersey», cuenta.

«El hiyab no limita las capacidades físicas ni intelectuales de quien lo lleva, no tiene ese poder mágico, y es curioso que a veces haya que hacer este tipo de aclaraciones. Hay mujeres que usan el hiyab que son deportistas de alto nivel, abogadas, médicos, políticas, jueces, periodistas, investigadoras, empresarias y un largo etcétera», añade Noha, quien cree que «no es el hiyab el que limita a las mujeres, sino los que se empeñan en rechazarlo».

«El hiyab no tiene la capacidad de impedir a alguien estudiar, trabajar o hacer lo que quiera hacer, sino que son los que ponen normas que prohiben el uso del velo en los centros de estudios, trabajo, etc. los que realmente están discriminando a la mujer que lo lleva, poniendo así trabas a su desarrollo personal e impidiendo que pueda llevar una vida normal», sentencia.

De esta misma opinión es la política danesa Asmaa Abdol-Hamid, feminista musulmana que siempre ha defendido públicamente el uso del velo islámico. «El uso de un pañuelo en la cabeza no significa que esté oprimida o cohibida. Los valores en los que yo vivo mi vida son islámicos pero no árabes. Es importante hacer una distinción entre la religión y la cultura. En muchos aspectos, la forma árabe de pensar discrimina a las mujeres; yo, aunque soy árabe, no hago mis decisiones sobre una base cultural sino a la luz de mi religión», explicaba la joven en 2007.

La asociación de mujeres musulmanas Medina explica que el uso del hiyab «tiene un significado un poco diferente para cada mujer». «Tiene que ver con la relación contigo misma y con Dios, es una cosa íntima», cuenta una de las representantes de la asociación. Por otro lado, comprenden la postura de algunos centros educativos que quieren prohibir prendas propias de ideologías y religiones, pero critican lo radical de los procedimientos, «que pueden incluso ser traumáticos para las niñas», y el hecho de que «no se preste la misma atención, por ejemplo, a los crucifijos que a los velos».

Por su parte, el centro de estudios e investigación sobre mujeres CEIM prefiere no pronunciarse. «El día que la minifalda occidental resulte de tanto interés como el velo islámico, nos pronunciaremos», comenta una representante del grupo a 20minutos.

 

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