Pagar la cuenta

Este Papa no es una estrella, como el otro. Éste es un profesional. El otro, tam­bién, pero del escenario. Bueno, en cualquier caso, viene para acá. A Valencia, concre­tamente. A un asunto de esos de la familia, que, en cuanto te descuidas, reúne a sesenta o setenta mil millones de personas. Más o menos.

Pero, venga a lo que venga, el personaje, aunque no sea el otro, es importante. Y hay que hacerse la foto. Por eso hay unos navajazos tremendos entre La Moncloa, la Ca­sa Real, la Conferencia Episcopal, dentro de la Conferencia Episcopal, y en otros sitios. Todo el mundo quiere apuntarse el tanto. Porque, no nos engañemos, el voto católico es importante.

Por eso lo tiene mal esa diputada de IU, Isaura Navarro, que ha dado muestras de una envidiable salud mental –y política–, al preguntar oficialmente cuánto cuesta esa fiesta al erario público. Es un poco lo que preguntó Josep Pla cuando vio una noche to­das las luces de Nueva York desde un rascacielos: "¿Y quién paga esto?".

Pues eso, ¿quién paga lo del Papa? ¿Y a cuánto sube la cuenta? Porque, vamos a ver, si esto es un Estado aconfesional, como acertadamente dice la diputada, ¿por qué no se paga cada uno su propia juerga? Porque los contribuyentes a los que no les intere­sa esta fiesta –muchos– no tienen por qué pagarla.

Y es que esto no es como cuando unos cuantos amigos se van de copas y pagan a escote. No. Esto es una empresa que organiza un sarao. Y estas cosas las pagan esas em­presas, o lo que sean. ¿Por qué tenemos que pagar entre todos este tinglado?

Veamos. Imaginemos que llega a Granada –o por ahí– un jefe musulmán y quie­re organizar un gran cirio para difundir su concepto de la familia, es decir, el concepto musulmán de la familia. Y ya sabemos que el concepto musulmán de la familia no es precisamente el concepto de la familia que tienen, por ejemplo, los del Opus Dei.

Bueno, entonces, ¿qué pasa? ¿Pagamos entre todos la fiesta musulmana? ¿Divi­dimos el precio del cuscús, de los pinchitos y del té y pagamos a escote? ¿Pagan tam­bién los del Opus? ¿Qué dirían éstos, los que van a ir a la concentración pro familia or­ganizada por el Papa? Pues pondrían el grito en el cielo, y nunca mejor dicho (lo del cie­lo).

En fin, que en esas estamos. Ya que vamos a tener que pagar, porque a nuestros políticos les encanta la foto, por lo menos que sepamos, como pregunta Isaura Navarro, cuánto se debe. Porque, si no, luego nos pegan un susto de muerte. Y a ver si hay suerte y ésta es la última ronda. Que ya está bien.

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