Paco Wojtyla

La mafia del Vaticano ha decidido que el enemigo principal son los gobiernos latinoamericanos de soberanía nacional, justicia social e integración regional y ha elegido como Papa a un colaborador de la dictadura militar argentina para enfrentarse a la democratización de América Latina como Wojtyla lo hizo contra el diablo comunista.

“No los puedo defender”, les decía Jorge Mario Bergoglio, entonces jefe de los jesuitas en Argentina, a los sacerdotes Orlando Yorio y Francisco Jalics, activistas de la teología de la liberación. El que ahora es el Papa Francisco denunciaba a sus compañeros, también jesuitas, como “comunistas y guerrilleros”. La dictadura militar recibió el mensaje y fueron secuestrados por los escuadrones de la muerte que los llevaron a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), el santuario de los desaparecidos. El periodista Horacio Verbitsky, el columnista más leído de Argentina, reunió los testimonios de Yorio y Jalics que coinciden al asegurar que “Bergoglio nos entregó”.

Verbitsky anunció hace tres años, en el diario Página12, de Buenos Aires, lo que denominaba la Operación Cónclave. Bergoglio blanqueaba su imagen hacia el papado con un libro, titulado El Jesuita, que le hicieron dos periodistas purpurados: Sergio Rubin, cronista divino del muy conservador diario Clarín, de la capital argentina, y Francesca Ambrogetti, colaboradora de Radio Vaticana. Un libro dedicado precisamente a defenderse de las acusaciones de haber colaborado con la dictadura militar.

“Hice lo que pude”, es todo lo que dice. Verbitsky había revelado el informe por escrito del embajador de los golpistas en el Vaticano: “Los sacerdotes fueron capturados porque la jerarquía eclesiástica había informado a las Fuerzas Armadas que eran guerrilleros”.

Francisco (Paco) parece un segundo Wojtyla para dirigir ahora la artillería del Vaticano contra la izquierda latinoamericana que no se resigna con la gloria eterna prometida por los poderosos y reduce las desigualdades para que la justicia garantice a las mayorías el buen vivir de la democratización.

El primer papa latinoamericano puede ser el peor enemigo de lo mejor de América Latina. Lo sorprendente de su elección confirma que ha sido cuidadosamente preparada. El gran poder político y económico tiene teléfono directo con Dios.

Bergoglio dándole la comunión a uno de los mayores asesinos de finales del siglo XX, el dictador Videla.

El colaborador de la dictadura argentina saluda los feligreses, ya Papa por la gracia de la CIA de Dios. ©Catholic Church England and Wales

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