Otra vez las sotanas

De nuevo vuelve la ofensiva contra la ley orgánica de educación, la LOE. Otra vez estamos con la reclamación de la consabida «libertad de enseñanza». Otra vez el rui­do de las sotanas pidiendo libertades que no son tales.

Dicen los obispos, concretamente el comité ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española, que hay aspectos de esa ley que "suscitan inquietud".

Lo que suscita inquietud, señores obispos, es que ustedes no se conformen con los considerables beneficios económicos que la Iglesia obtiene de los centros de ense­ñan­za de que es propietaria, beneficios que obtiene mediante los conciertos con el Esta­do. Es decir, ustedes, la Iglesia, consiguen beneficios a costa del dinero público. Eso, realmente, es lo que causa inquietud.

Pero no es sólo eso lo que causa inquietud. Hay otras cosas. Por ejemplo, que, como cada vez hay menos gente que marca la casilla del IRPF para destinar una parte de sus impuestos a la Iglesia, el Estado tenga que completar esa cantidad para que uste­des estén contentos y satisfechos. Otra vez con dinero público.

También causa inquietud que la Unión Europea haya vuelto a exigir al Estado es­pañol, por tercera vez y con apercibimiento de sanciones, que les exija a ustedes, los obispos, la Iglesia, que paguen el IVA en sus transacciones mercantiles, como hacemos todos. Porque están ustedes exentos del IVA en según qué negocios.

El problema de la LOE, y otros problemas, es que ese asunto del IVA habrá que negociarlo. Y también habrá que negociar la forma en que en el futuro se financian uste­des sin que sigan siendo la pesada carga para el erario público que son ahora. Como ha­brá que negociar, ustedes presionan, ustedes calientan motores para preparar un escena­rio adecuado a sus intereses.

Por ahí van los tiros. De ahí viene el revuelo de sotanas y todo eso de la "libertad de enseñanza", que es, simplemente, la libertad para hacer cada vez mejores negocios. Porque detrás de su combate contra la LOE, lo que se esconde es únicamente eso. Es un método de presionar para hacer negocio. Sólo eso.

En realidad, muchas de estas cosas ocurren porque el Gobierno de turno lo per­mi­te. Lo lógico sería que ustedes, la Iglesia, se autofinanciaran. Es decir, ustedes tienen una organización y unos negocios que dan beneficios económicos. Por tanto, con esos negocios deben financiar sus necesidades. Y punto.

Pero claro. Si se hace así, probablemente se echarán ustedes a la calle pidiendo libertad y todo eso. Y entonces, ya la tendremos liada. Pero algo habrá que hacer. Por­que no tiene sentido que el dinero público tenga que emplearse en financiarles a ustedes sus negocios. Cualquier ciudadano que monta una empresa se la financia él mismo. ¿O no? Algo habrá que hacer.

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