Otra vez el burka

Como muchos otros debates que son profundamente ideológicos pero que se quieren desideologizar con la intención de hacerlos objeto del populismo más chusco, del debate del burka al final ya no se entiende nada. Como a muchas mujeres (veo que no a tantos hombres) nos parece muy importante, voy a intentar –una vez más- aclarar algunas cuestiones que parece que se pierden. Una cosa es el velo o pañuelo y otra el burka o niqab (a veces llamado velo integral). Nadie pretende prohibir el velo, ni lo pretende, ni se puede, ni se debe. Sería anticonstitucional claramente, cada una se viste como quiere. Las monjas se visten de monjas y se ponen la toca por las mismas razones que las musulmanas el pañuelo. Están en su derecho. Si a veces se ha discutido la prohibición del velo, la discusión se refería en todo caso a la escuela y por ser las niñas menores de edad. Igual que las niñas no se pueden meter a monjas porque se supone que no pueden decidir por sí mismas, se discute si no se debería impedir que niñas pequeñas se señalen, antes de la edad de decisión, como desiguales a los niños. Se trata de darles a esas niñas la posibilidad para que vivan como iguales y vean, además, que la igualad es un valor. Todo esto partiendo de la base de que, efectivamente, creamos que la igualdad entre hombres y mujeres es un valor fundamental de nuestro sistema político, no algo prescindible y relativo. En todo caso, lo del velo es debatible y hay argumentos válidos en ambas posiciones.

El burka no es discutible. El burka borra la ciudadanía de las mujeres, las niega en su humanidad. El burka niega esa igualdad entre hombres y mujeres que la Constitución española obliga al Estado a promover y defender. El burka, nadie lo niega, es un instrumento de opresión. No se puede trabajar, interactuar con nadie, conducir, hacer trámites o gestiones, con el burka (es lo que el burka pretende). Dicho esto, ¿se debe prohibir? Pues obviamente sí, si pensamos que los derechos de las mujeres son derechos humanos universales. Se nos dice que hay muy pocas mujeres que lo lleven y que es un problema ficticio. ¡Aunque hubiera solo una! La esencia de la lucha feminista es esa: que los derechos de las mujeres también representen la esencia de los derechos humanos. Las mujeres vemos constantemente como nuestros derechos son moneda de cambio, como no son exigibles de la misma manera que si se trata de hombres, sino que se hacen depender de factores religiosos o culturales. Los derechos humanos o son universales y por tanto defendibles en todos los contextos o no son derechos humanos. Desgraciadamente no todos los políticos lo tienen claro.

Se nos dice también que, puesto que hay pocas mujeres con burka, se trata de una cuestión simbólica. ¡Precisamente! Lo simbólico es lo que nos conforma como seres humanos y como sociedad. Cuando luchábamos por el matrimonio entre personas del mismo sexo también se nos decía que éramos pocos y que era una cuestión simbólica. Yo siempre dije, “en lo simbólico, ni un paso atrás”. Otros dicen, no hay víctimas. ¿A quién le importa? Se equivocan. Precisamente porque es simbólico nos importa a las mujeres ver qué poco claro tienen los políticos que la defensa de la igualdad es un fundamento del estado de derecho, que fácilmente se ponen nuestros derechos en cuestión. Y como se trata de derechos humanos, su violación nos afecta a todas. Si vemos como estos derechos no se defienden activamente, todas nos sentimos en peligro. Los derechos de las mujeres nunca están del todo conquistados (a la vista está). Hay que discutirlos y ganarlos en cada ocasión. Dice Elisabeth Badinter: “Si perdemos ese simbólico, estamos perdidas”.

Resulta patético escuchar (ayer en la SER) que el burka es como el capirote de los nazarenos. El burka es un instrumento de opresión y de control y como otros instrumentos de opresión y de control no funciona sólo para la mujer que lo lleva, sino para todas. Cuando vemos un burka todas las mujeres sabemos que seguimos siendo un “signo” de la cultura, que no hemos alcanzado el estatuto humano pleno. En este caso las que no pertenecemos a esa cultura podemos pensar que no nos afecta, pero la realidad es que ninguna estamos, obviamente a distintos niveles, libres del todo. Vemos que unas mujeres pueden ser convertidas en sombras ante la pasividad de un estado que se dice defensor de nuestros derechos.

Se dice que la derecha se ha apropiado del asunto para hacer xenofobia y populismo. Es cierto, desde luego, pero la culpa la tiene quien en lugar de tener claro lo que tiene que defender, “entrega” ese discurso en bandeja. La única manera de evitar que la derecha se apropie de él es asumirlo como propio. ¿O es que la izquierda no tiene nada que decir sobre la igualdad y los derechos de las mujeres? Resulta penoso que el alcalde de Barcelona prohíba el burka aludiendo a la convivencia y salga el PP y diga que hay que prohibirlo por la igualdad y la dignidad de las mujeres. Patético. Es patético que para hablar del burka se haga referencia a todo: la convivencia, la interculturalidad, los derechos religiosos, la convivencia, la tolerancia… ¿Y la igualdad? ¿Y las mujeres? Son mujeres las que están ahí debajo, borradas como seres humanos. Ellas somos todas. Si la izquierda entendiera de una vez lo que significa el debate sobre burka y se atreviera con él obligaría a la derecha a moverse hacia su sitio que es el discurso xenófobo que no tiene que ver con los derechos, sino al contrario, con restringirlos. Las mayoría de las votantes del PSOE están por la prohibición del burka. Más vale que el PSOE se ponga en esto las pilas.

Otra izquierda, en este caso IU, dice que prohibir no es la solución. ¿No están prohibidas las actuaciones racistas? ¿La defensa de que los derechos de las mujeres son derechos humanos es menos importante que la defensa del antiracismo? A veces, prohibir es indispensable porque las prohibiciones, que deben ser las mínimas posibles, marcan las líneas rojas por las que el Estado avisa: por ahí no se puede pasar. Y las mujeres queremos ver esas líneas rojas en lo que se refiere a nosotras. Se dice que es necesario empoderar a esas mujeres, hacer proyectos de mediación cultural, etc. Desde luego, una cosa no quita la otra. Destinar dinero a empoderar a esas mujeres es imprescindible, necesario y espero que vaya en el programa electoral de los partidos de izquierdas, yo votaré por ello. Pero las mujeres sabemos que si esperamos que las cosas se hagan a base de dinero y sentido común puede que no se hagan nunca. Es posible que prohibir sea empezar la casa por el tejado. Pero es una casa que hay que construir y que empezar, como sea. ¿O es que la prohibición de la ablación ha impedido que haya mediadoras que trabajan por explicar a esas mujeres por qué no deben someter a sus hijas a semejante práctica? (Por cierto que la asociación de pediatras de EE.UU recomendó hace un mes que se permitiera hacer ablaciones del clítoris a las niñas musulmanas con el argumento de que mejor es hacerlas en un hospital que con una cuchilla de afeitar. El escándalo les hizo rectificar pero ese es un ejemplo de esas líneas rojas que queremos ver mucho más claras).

Una mujer con burka es una mujer que no puede ir al médico si se pone enferma. Una mujer con burka es una mujer a la que no se le ha dicho que ahora vive en un lugar en el que tiene alguna posibilidad como ser humano. Una mujer con burka es una señal de que somos relativas y ciudadanas de segunda, que importan más los votos de unos y de otros que la defensa a ultranza, sin concesiones, de nuestros derechos; una mujer con burka es una señal de que se piensa (y se defiende públicamente) que nuestros derechos básicos de ciudadanía dependen de la cultura, de la religión, de las costumbres…Una mujer con burka es la señal, inequívoca, de que hay un límite más allá del cual nuestra igualdad ya no es tan importante. Una mujer con burka es la señal de que los políticos no tienen nada claro que la defensa de la ciudadanía para todas las mujeres es tan importante como la defensa de la democracia porque somos la mitad de la ciudadanía, así que obviarnos, borrarnos, es renunciar a su defensa.

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