Otra iniciativa reclama ahora trasladar, no derribar, la Cruz del Castro en Vigo

Colectivos de izquierda se dirigen al obispo de Tui-Vigo para que acoja el símbolo y que esté en el entorno de una iglesia

La puesta en marcha de un plan gubernamental para transformar el Valle de los Caídos y exhumar los restos de Franco ha animado a grupos de la izquierda de Vigo a retomar su petición de eliminar la Cruz del Castro, originalmente vinculada a un monumento a los caídos inaugurado por el propio dictador. Consideran que si el PSOE en el Ejecutivo es el que plantea la operación, el PSOE en Vigo no debería oponerse a una propuesta similar que no incluye el traslado de tumbas. Según explicó un portavoz, plantean un ligero cambio: en lugar de demoler la cruz, tratarán de convencer al obispo de que se traslade a otro lugar, a una iglesia o un lugar que la Diócesis lo considere. “Así no habrá ningún problema, la cruz quedará a salvo y el parque del Castro se librará de un monumento que originalmente era fascista”, señaló. La postura actual del alcalde y del PP es la misma que mantuvo la primera corporación en 1981 tras la recuperación de la democracia, con el socialista Soto al frente: en el Castro se mantendría la cruz como símbolo de paz y reconciliación y se eliminarían toda la simbología del anterior régimen, como así se hizo. El actual alcalde mantiene dicha posición: “es sólo una cruz, nada más”, ha indicado en varias ocasiones. Pero para los promotores del cambio se ha dado una nueva oportunidad con Pedro Sánchez y su iniciativa exprés del Valle de los Caídos y consideran que en Vigo toca hacer lo mismo con el último resto que queda del franquismo.

El asunto viene de lejos, desde que el Tribunal Superior de Galicia revocó hace años la sentencia que ordenaba retirar la Cruz. En su fallo sostuvo que el monumento ya no tiene un significado de exaltación a la dictadura “una vez desaparecida toda la simbología fascista”, rechazando así una sentencia anterior promovida por la asociación Memoria del 36. Lois Pérez Leira fue el fundador de dicha asociación y ahora con otros grupos de la izquierda encabeza la nueva propuesta. «Considero que era necesario darle una continuidad a la ley de la memoria histórica», explicaba ayer. Según indicó, no se trataría de demoler la Cruz: «No, para qué. Yo le he pedido hace dos años una entrevista al obispo de Tui-Vigo para solicitarle que la propia Iglesia católica participe de la solución y ahora vamos a volver sobre ello». «Para mí -añade- la solución es que ellos soliciten que ese monumento se traslade a un espacio de la propia iglesia y se reconvierta en una cruz cristiana. De lo contrario la otra opción es que sus piedras se reutilicen si fuera posible en un edificio de uso público. Este objeto o sale por las buenas o saldrá por las malas como Franco», zanjó Leira.

En esta línea varias organizaciones políticas del ámbito de Memoria 36 anunciaron que solicitarán una entrevista al obispo y le presentarán una carta al alcalde de Vigo para que ejecute la ley de la memoria. En relación al obispo «en caso de que no dé una respuesta a nuestro pedido le haremos saber al Papa Francisco que en esta ciudad se mantiene un monumento que glorifica a los asesinos de los tres mil vigueses asesinados, con el aval de la iglesia. Debemos saber también saber que entre los asesinados habían también muchos cristianos».

En febrero de 2015 el alto tribunal gallego acabó aparentemente con la controversia al anular una sentencia anterior favor de la demolición dictada por el Juzgado Contencioso de Vigo a favor de la asociación Memoria del 36. En su fallo, el Tribunal de Galicia consideró que la cruz no sigue teniendo el componente de exaltación originaria desde que el acuerdo plenario de 1981, adoptado por todas las fuerzas políticas, se retiraron todos los símbolos: el sarcófago, las dos coronas de laurel en bronce, la inscripción de “Caídos por Dios y por España Presentes 1936-1939”, los escudos preconstitucionales, los emblemas de la falange y los requetés.

La misma resolución afirmaba que “habiendo desaparecido su carga política puede ser contemplada como un elemento religioso, aunque no fuera su significado originario, puesto que es evidente que se trata de una cruz latina”.

No obstante, la decisión judicial aseveraba que no se puede obviar que la cruz también refleja la persecución por razones políticas en un contexto histórico que “no ha de ser olvidado para que no se repita, de forma que ha de conservarse esa memoria, pero no en el sentido de exaltación de los valores franquistas sino en el que de que permita reflexionar sobre el pasado”.

“Como muchos otros monumentos a lo largo de la historia de la humanidad, ha de llevar al conocimiento y reflexión por las generaciones presentes y futuras sobre un pasado ya superado pero que no ha de olvidarse, habiendo de considerarse representativo de los caídos de ambos bandos».

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