Orgullo laico

En el Líbano acaba de celebrarse una manifestación por el Orgullo Laico, para modificar su Constitución, que exige que el presidente sea cristiano, el vicepresidente, musulmán, etcétera, en un intento poco afortunado de encontrar un equilibrio que deja fuera a otras concepciones ideológicas. En España, en teoría, se ha superado esa etapa, con una Constitución aconfesional, pero demasiados intereses de unos pocos y la cobardía de ciertos políticos impiden que se cumpla esa norma elemental de la democracia. Así sufre nuestra conciencia y bolsillo estos días en la declaración de la renta, en la que más de dos tercios de los contribuyentes no ponemos la cruz para financiar a la Iglesia católica –Jesús nunca vivió de impuestos- pero quienes la ponen, al no dar ni un céntimo para ello, nos obligan a financiarla entre todos. Haría falta, pues aquí también una, y quizás muchas manifestaciones de Orgullo Laico, para que no se violaran tan descaradamente nuestra libertad de conciencia y nuestros bolsillos.

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