Ocho de cada diez ciudadanos de Almería son creyentes, pero la mitad no va a misa

Menos de la mitad de los almerienses marca en su declaración de la renta la cruz para ceder parte de sus impuestos a la Iglesia Católica

«Laicidad», «anticlericalismo» o «secularismo fuerte y agresivo» son algunos de los términos con los que el sumo pontífice Benedicto XVI se refirió para definir la situación que, a su juicio, vive España en la actualidad. Una situación ante la que abogó por la «reevangelización». Si se atiende a lo que dicen los almerienses, los juicios del guía Vaticano no se corresponderían con la realidad. Según el último Barómetro de Opinión Pública de Andalucía, que elabora el Instituto de Estudios Sociales Avanzados, ocho de cada diez almerienses se califica de «creyente» o «católico» (78,5%). Una cifra muy abultada, la segunda más alta de Andalucía sólo superada levemente por la de Jaén (80,2%). Hasta tal punto se considera la población como influida por las corrientes religiosas que sólo un 12,6% se define como «no creyente» y un ínfimo 8,3% lo hace como «ateo». Son estas cifras, además, algo medianamente estable. A finales del año 2009, cuando se tomaba la misma encuesta, los datos eran prácticamente idénticos: el 82% de los encuestados se consideraba «creyente» o «católico». Y sólo el 13,9% definía su situación desde el punto de vista religioso como «no creyente» o «ateo».
Ahondando más, de esta enorme proporción de almerienses que se considera creyente, prácticamente la totalidad (un 78,4%) asegura ser de religión cristiana de raíz católica. Le siguen, de lejos, el resto de grupos religiosos existentes en la provincia: otras ramas del cristianismo, el islamismo u otras doctrinas y creencias.
Ahora bien, la cosa cambia cuando al entrevistado se le consulta la frecuencia con la que asiste a misa o a otros oficios religiosos «sin contar las ocasiones relacionadas con ceremonias de tipo social, por ejemplo bodas, bautizos, comuniones o funerales». Entonces, los almerienses que afirman cumplir dogmáticamente con su compromiso semanal con los templos es de un escueto 15% de los creyentes. Hasta tal punto que el 33,9% indica que sólo participa de los oficios religiosos «varias veces al año». Y un amplio 37,3% asegura no ir a misa «nunca» si no es por algún evento social.
Con esta merma en las iglesias, -si bien no en la creencia individual de las personas-, el Vaticano creaba el año pasado el Consejo Pontificio para la nueva evangelización de Occidente. Un Consejo éste que, según la propia jerarquía católica estaba pensado especialmente para luchar contra el descenso de fieles en España, pero también en otros estados tradicionalmente católicos, como es el caso de Francia o la República Checa. El miércoles, el Papa designaba al obispo de la Diócesis de Almería, Adolfo González Montes, como uno de los miembros que se encargará de relanzar la evangelización en los territorios occidentales.
El IRPF, poco creyente
Esta situación, que se corresponde con una palpable merma de público en los templos religiosos de la provincia, es equiparable a otro ámbito: la donación a través del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (el IRPF). Aún no existen datos provincializados del año pasado. Pero en la provincia de Almería, sólo en torno a un 40% de los ciudadanos marca con una x la casilla de donación para la obra social de la Iglesia Católica. La cifra es muy similar a la media española (que se sitúa en un 34,31%, según los datos de 2009, lo que supuso unos ingresos de 252 millones de euros).
Algunas otras doctrinas religiosas han protestado durante los últimos años reclamando un trato igualitario que les permita también participar de las donaciones del Estado. En el año 2007, la FEREDE (Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España) inició conversaciones para incluir una casilla en el IRPF que les permita también a sus fieles derivar el 0,7% de sus impuestos para la financiación de su organización. El Gobierno mostró su disposición a negociar. Sin embargo, a día de hoy continúan habiendo sólo dos casillas en la Declaración de la Renta (Iglesia Católica y fines sociales) mientras el resto de doctrinas esperan aún su hueco en el impuesto.
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