Obispos de campaña

PARA que no les digan que intervienen en la campaña electoral, los obispos andaluces han decidido intervenir en la precampaña: el miércoles pasado hicieron público una pastoral con los criterios que consideran adecuados para una participación responsable en los comicios del día 25.

Nada que objetar, claro. Tienen todo el derecho del mundo a adoctrinar a los católicos sobre el sentido de su voto, y también a aconsejar a aquellos no católicos que consideren dignos de secundar los valores y posiciones de los obispos. Supongo que ellos reconocerán, asimismo, el derecho de otros a comentar su pastoral. Es lo propio de una sociedad democrática. El debate y la confrontación.

Junto a la defensa de la honradez frente a la corrupción y la mentira, la promoción del trabajo y el sacrificio frente a la cultura de la dádiva y la subvención, y la ayuda a los sectores sociales más desfavorecidos por la crisis, como parados y emigrantes, los obispos del Sur se manifiestan abiertamente contrarios a las opciones políticas cuyos programas contienen medidas y leyes incompatibles con los planteamientos morales de la jerarquía eclesiástica. Nada anormal, salvo por su extemporaneidad: el rechazo al aborto y la eutanasia (incluso la pasiva, que es legal al menos en Andalucía con el nombre de muerte digna) tienen su ámbito natural en el debate de unas elecciones generales en las que se elige el Parlamento nacional, no en unas elecciones andaluzas en las que se elige el Parlamento autonómico. Este posicionamiento correspondía más bien al 20-N, no al 25-M. Lo mismo ocurre con la defensa del matrimonio como "unión estable de un varón y una mujer", puesto que dentro de tres domingos los andaluces no van a pronunciarse sobre el matrimonio, ni heterosexual ni homosexual. Esa decisión ya se adoptó por el anterior Congreso de los Diputados y está pendiente de la sentencia del Tribunal Constitucional, aunque también puede el actual Gobierno reformar la ley en el Congreso actual. Nunca en el Parlamento andaluz donde se sentarán los diputados regionales que elijan esos electores a los que se dirige el episcopado de esta comunidad autónoma.

Si esto le sobra a la pastoral de los obispos, hay algo que le falta: un pronunciamiento sobre los últimos cambios decretados en las relaciones laborales, que golpean a esos sectores más débiles que necesitan ser defendidos, al permitir despidos más fáciles y más baratos. En esta cuestión los obispos andaluces se manifiestan con menos concreción que sobre el aborto o el matrimonio gay. Lo más rotundo y preciso de la pastoral es que, por motivos morales, no se debe votar a dos partidos parlamentarios, PSOE e Izquierda Unida. Están en su derecho los obispos, reitero.

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