Obispo avisa de que España no puede dar la imagen de ser «un país sin cruz»

El obispo de Ciudad Real ha realizado estas declaraciones durante el tradicional encuentro navideño que ha mantenido esta mañana con los medios de comunicación de la provincia de Ciudad Real.

Antonio Algora, en relación al debate sobre la exhibición de crucifijos en edificios públicos y colegios, ha subrayado la importancia de que Europa mantenga su identidad, pues, de lo contrario, cederá terreno ante otras religiones.

"El punto de apoyo más fuerte que tienen los fanáticos del Islam es que se encuentran con una Europa debilitada en su religión y dicen: estos son pan comido, a por ellos", ha argumentado.

A su juicio, "quien está debilitado en su religión, está debilitado en su capacidad de reacción ante las dificultades", ha destacado Algora, quien ha denunciado las debilidades de las sociedades ateas.

En cualquier caso, ha recordado que "la Iglesia está acostumbrada a vivir en la clandestinidad", pues que la cruz comenzó a venerarse en el siglo IV, ya que "para los primeros cristianos era una tristeza, falta de prestigio, pues era como si (Jesús) hubiera muerto en la silla eléctrica".

No obstante, "la cruz ha tenido un significado muy profundo en Europa", y ha recordado que se llamaban "cruzados a quienes luchaban por la cruz".

Asimismo, Algora ha señalado que tampoco se puede ahora recurrir a las historia de "los bestiajos de los calatravos que se cargaron a los moros", ya que hay que "jugar limpio" y en el siglo XXI "es necesaria la convivencia de las religiones".

Además, ha dejado claro que aboga "por los viejos privilegios de la vieja Iglesia para tener influencia en la sociedad", sino de "un problema de identidad de la sociedad europea, que nos debe preocupar a todos, no sólo a la Iglesia".

Por otro lado, el obispo de Ciudad Real ha señalado que la crisis mundial es "algo más que económica" y ha subrayado que la solución no está en "hacer apaños en la banca, en el sistema económico, en las instituciones que gobiernen la política, el mundo sindical o empresarial".

Para la Iglesia, "el problema es de un calado mucho más hondo, de valores humanos, de humanismo" y por eso, no habrá solución mientras todo se apoye "en la codicia, en el sacar el máximo beneficio a costa del bien común" y "volveremos a caer en crisis, cada vez más profundas" En este sentido, el obispo de Ciudad Real ha subrayado que una de las consecuencias de la crisis humanística es la ley del aborto, algo contra lo que la Iglesia lleva luchando "desde el siglo II".

"La Iglesia hoy está poniendo el acento en lo que provoca la crisis global de valores, donde se convierte en derecho el capricho, o donde se convierte en derecho el placer, sin mirar lo que tengo al lado", ha señalado.

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