Obama y el Vaticano tienen el primer roce por la elección del embajador

La Santa Sede veta a Caroline Kennedy por apoyar el aborto y la investigación con células madre Las nuevas políticas sociales de EEUU inquietan a la jerarquía católica tras la luna de miel con Bush

No habrá luna de miel entre el Vaticano y Barack Obama. La causa es la defensa del presidente norteamericano de cuestiones que conciernen a la ética vital como el aborto, las relaciones homosexuales y el uso de los profilácticos como arma contra el sida, entre otros. Esta brecha explica el veto de la Santa Sede a la candidatura de Caroline Kennedy, hija del expresidente John Fitzgerald Kennedy, como embajadora ante el Papa.
El diario italiano Il Giornale, de la familia Berlusconi, se hacía eco ayer, solamente en su edición digital, del resultado de los contactos oficiosos que intercambian los estados antes del nombramiento de un embajador. Según el diario, la negativa del Vaticano responde a las ideas favorables de Caroline Kennedy hacia el aborto y hacia la investigación con células madre.
Oficialmente, la Santa Sede desmintió el veto. "En el Vaticano no ha habido proposición alguna en relación al nuevo embajador de EEUU en la Santa Sede, por lo que no es cierto que ella haya sido rechazada", declaró el portavoz del Papa, Federico Lombardi. La Casa Blanca, a preguntas de la prensa estadounidense, rechazó hacer comentarios.
La Santa Sede lleva tres meses sin embajador de EEUU tras la marcha de Mary Ann Glendon, nombrada en noviembre del 2007, bajo el mandato de George Bush, cuyos postulados morales coincidían esencialmente con los del Vaticano.

"ZAPATERO PLANETARIO"
Pero tras la luna de miel con Bush, el Vaticano no oculta la inquietud por la llegada de Obama y sus nuevas políticas sociales. Según resume en su libro sobre las relaciones de EEUU y la Santa Sede el escritor y periodista italiano Massimo Franco, el Vaticano teme que Obama se convierta en un "Zapatero planetario".
El veto a Kennedy es en este sentido el último capítulo de la delicada historia de las relaciones del estado Ciudad del Vaticano con Washington, que no se oficializaron definitivamente hasta 1984, con Ronald Reagan.
Mientras Roma fue pontificia, EEUU mantuvo en la ciudad un consulado "para proteger los intereses económicos". El problema político era que EEUU, estado mayoritariamente protestante, no permitía el nombramiento de un embajador ante el Papa católico. Incluso el católico John Kennedy se opuso a la normalización de las relaciones.
Pero los que eran favorables a las relaciones diplomáticas con el Vaticano aducían que la ciudad "era un centro que ofrecía informaciones preciosas y el consulado en el Estado Pontificio era un excelente punto de escucha, no solo sobre la Santa Sede, sino sobre toda Europa".
Los contactos informales que mantuvieron los dos países desde 1870 hasta después de la segunda guerra mundial no impidieron que EEUU financiase la universidad católica Pro Deo de Roma (había otra en España), como tapadera de espionaje.
Años más tarde, Pablo VI ordenó hacer limpieza de espías, incluso con sotana, de la CIA y de la URSS. En los años 50, Arthur Schlesinger, futuro consejero de John Kennedy, insistía: "El Vaticano toma decisiones políticas y nos obliga a estar seguros de que apoya y no obstaculiza nuestra política exterior".
Con la posguerra y el Plan Marshall, EEUU se volcó en Italia y a través del cardenal de Nueva York, Francis Spellman, propició la victoria electoral por mayoría absoluta de la Democracia Cristiana. Reagan se sirvió de la colaboración con Juan Pablo II para desestabilizar Polonia, el inicio del fin de los regímenes comunistas de Europa.
Pero el Vaticano tiene una larga lista de agravios con EEUU por, entre otras cuestiones, la pena de muerte, la deuda de los países pobres, el embargo a Cuba, el estatus de la ciudad de Jerusalén y la situación de los católicos en China y en los países árabes.

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