Nuevo giro obligado del papa

Señor director:

                           Nuevo giro obligado del papa en pocos meses, ante el abandono masivo de de sus iglesias. Como este mismo año dio otro giro total, pasando en pocos días de declarar que eran meras murmuraciones, o incluso insidiosas “conspiraciones de los periodistas”, las denuncias sobre la pedofilia en el clero, a reconocer que era su peor pecado, ahora reconoce que es razonable usar el preservativo contra el SIDA, que el año pasado poco declaraba en África ser contraproducente –no sólo “pecado”- para detener esa pandemia mortal.
                           Con razón su portavoz ha dicho que no es un “gesto revolucionario”: es lo que han hecho siempre los papas cuando han cuando ha visto inminente su ruina por la huída de sus parroquianos ante tanta necedad o inmoralidad de sus “pastores”. Así, para no hablar de otros temas –como la defensa por el Vaticano de la esclavitud “como querida por Dios”, o su condena del préstamo a interés-  sólo en este campo de la salud, recordemos su oposición al parto sin dolor, al cloroformo, a la misma vacuna contra la viruela,  la que moría más del diez por ciento de la población, y por lo que ha sido responsable, como ahora con el SIDA, de la muerte de millones de personas. ¡Y todavía hay quienes –incitándoles a seguir con su funesta política- les felicitan por su tan tardía y obligada rectificación a esos malos” pastores” que viven de encerrar e incluso matar cruel e innecesariamente a tantas de sus mismas
 ovejas!
                        ¿Cuánto tardara aún esa Iglesia, hoy del Aborto, en vez de la Caridad, en “recordar” que hasta el siglo XIX admitía que el feto no tenía “alma” –no era una persona-  hasta los 80 días, o si era mujer (¡!), 40 días, permitiendo antes de esa fecha abortar fetos, que no eran enterrados en sagrado? Y ¿hasta cuando habrá tantos ignorantes que admitan todas esas prohibiciones, de las que no hay ni rastro en los Evangelios, pseudo pecados inventados por una casta de viejos varones,  pseudo cristianos y “virtualmente” castrados por el reino de los Cielos, que ni con un dedo –como Jesús reprochaba a otros fariseos- llevan esas pesadas cargas que impía e inmisericordemente ponen sobre los hombros de los demás.

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