Nuevo funeral de Estado religioso en Italia por las víctimas del terremoto

Ni una palabra de consuelo, ni un gesto de cercanía con las víctimas del terremoto; más bien al contrario. Durante el funeral de Estado, celebrado en Amatrice, en el interior de una carpa transparente que permitía ver los restos de un edificio derrumbado, el obispo de Rieti, Domenico Pompili, dedicó su breve homilía a pedir a los fieles que “no se pregunten dónde estaba Dios cuando la tierra temblaba”, porque —añadió— “los terremotos existen desde que existe la Tierra” y “los paisajes y las montañas no existirían sin los terremotos”. Para redondear esa extraña manera de confortar a los familiares de las 292 personas fallecidas, el obispo Pompili dijo: “El terremoto no mata. Matan las obras del hombre”.

Al final del funeral, al que asistieron el presidente de la República, Sergio Mattarella, y el primer ministro, Matteo Renzi, el alcalde de Amatrice, Sergio Pirozzi, rompió la frialdad sembrada por el obispo recordando a algunos de los fallecidos —“he escuchado los nombres de los fallecidos, pero para mí eran el carnicero, el que hacía la miel, la niña que iba al colegio con mis hijos”— y pidió que, en su memoria, reaccionen para reconstruir Amatrice: “Ya no nos quedan lágrimas para llorar”.

A pesar de las dificultades, autoridades y vecinos se han conjurado para que Amatrice sea reconstruido en el mismo lugar. “Abandonar estos lugares sería matarlos por segunda vez”, dijo el obispo. Ahí sí recogió el sentir de los familiares de las víctimas.

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