Nueva evangelización y el reino de las élites

La nueva evangelización está en marcha. No difunde las bondades del cristianismo, sino las del capitalismo. Y la patrocinan los intereses globales de las elites económicas. Los evangelistas del nuevo siglo residen ahí y en los demás agujeros de la misma especie. Una salida de la crisis por medio de la gente de buena voluntad y como única manera de darle fuelle al reino de los especuladores financieros.

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo lo componen el FMI, el Banco Mundial y otros ejemplares de una similar fauna. Los gobernantes se persignan y la indignada población, en el ámbito de una virtual democracia, debe comulgar con ruedas de molino.

La dictadura global es un hecho en vías de afianzarse más aún. La privatización de lo servicios públicos es uno de los fundamentos irrenunciables que pretenden adquirir lucrativos sectores para la economía privada. La presión sobre la clase trabajadora sólo persigue el culto a las condiciones precarias y a los bajos salarios.

Otra parte vital de las normas vigentes consiste en la reducción de las ayudas sociales, incluyendo las destinadas a los países pobres, y en seguir amparando, dentro de las leyes, el fraude, la corrupción y a los regímenes totalitarios que interesan. Y, claro, no importa que el modelo económico continúe destruyendo la ecología.

Ya sabemos que la crisis se arregla con una nueva evangelización. El Papa dice que se “salvará” el que crea. En los mercados, por supuesto. Los dos millones de jóvenes de los cinco continentes, que se reunirán en Madrid durante la visita papal del 18 al 21 de agosto, puede que no tengan muchas perspectivas de futuro en la tierra. Pero tomarán presuntamente la autopista hacia el cielo gracias al poder de la confesión, hasta en 30 idiomas, y a base de vía crucis, oraciones, eucaristías y discursos de Benedicto XVI.

De los 50 millones de euros que cuesta la vista del Pontífice, 25 los paga el dinero público y la otra mitad la abona un grupo de empresas que va a tener exenciones fiscales. Los indignados del 15-M, mientras, seguirán reclamando, entre otras reivindicaciones, una democracia real en este Estado “aconfesional”.

Los mercados acosan y los derechos de las personas están en tela de juicio. El progreso social, un digno nivel de vida y las ideas de igualdad, fraternidad o no discriminatorias se desvanecen por obra y gracia de una nueva evangelización de las elites económicas. La Iglesia estafa y lógicamente otorga su plena bendición a los estafadores.

Marc Llorente es periodista y crítico de espectáculo

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