Nuestra laicidad

No permitamos que el oportunismo y el pragmatismo de la clase política, echen por la borda nuestra laicidad…

Luego del entusiasmo que provocó la reciente elección del jesuita latinoamericano el Cardenal-Arzobispo de Buenos Aires Jorge Mario Bergoglio, elegido Papa y que asumió el mando supremo de la Iglesia católica, con el nombre de Francisco; es el tiempo de hacer algunas consideraciones sobre algo trascendental que concierne a México, ¿está amenazada la separación Estado-Iglesia en nuestro país? La humildad, la bonhomía y la buena impresión causada por el Papa Francisco, no debe ponernos una venda en los ojos del entendimiento. Aun los católicos acérrimos deberían analizar y preocuparse por la presencia del "Jefe Máximo", el mero mero, el presidente de la República, Enrique Peña Nieto en las ceremonias religiosas efectuadas en la Ciudad del Vaticano el pasado 19 de marzo por la toma de posesión del mando petrino del nuevo Papa. A todos llamó la atención que EPN, el primer presidente priista que asiste a un evento de esta naturaleza, que formara parte de las 130 delegaciones de Jefes de Estado que también estuvieron presentes. Aunque nuestro presidente se asuma como católico, no es obvio que su presencia sea a título personal; ¿puede despojarse ad líbitum de su investidura el jefe de un Estado y de gobierno para asistir a una ceremonia religiosa como la que nos ocupa?, sobre todo, ¿cómo influirá en la evolución de la preciada característica mexicana por la que oficialmente somos un Estado laico en el que priva la separación Estado-Iglesia? ¿Dónde queda nuestra acendrada laicidad? ¿Es sólo en apariencia? Veamos:

1. Sociólogos nacionales, expertos en religiones y analistas socio-políticos de fuste, se han ocupado ya del caso y todos han coincidido más o menos, que la participación del presidente Peña Nieto en estas ceremonias es el preludio de echar por la borda nuestra laicidad. No hay que asumir posiciones jacobinas trasnochadas si sabemos que antes de los primeros 100 días del gobierno de EPN, se abrió de capa, nos reveló su estilo personal de gobernar y su pragmatismo. Los analistas a los que me referí ven a un presidente priista ávido de poder y han mencionado, inclusive, que con este acercamiento a la Iglesia, pretende sumar el poder que detentan los jerarcas católicos a su tan cacareado "Pacto por México". Aunque para él como pragmático, significaría redondear este asunto -el Pacto- a muchos mexicanos no solamente les preocupa, les inquietan las fisuras que sufriría nuestra laicidad y la separación Estado-Iglesia: cuando un político de su rango le apuesta al clericalismo, está jugando con fuego.

2. Enrique Peña Nieto debería tener presente que por lo menos 20 millones de mexicanos no profesan la religión católica o no asumen ninguna otra creencia religiosa. Este vasto sector de connacionales también debe estar en su mente: él gobierna, en teoría para todos los mexicanos, y el acercamiento a una religión específica, aunque sea la mayoritaria, sería inequitativo para los ciudadanos incrédulos y los de otras religiones… Esta preocupación no es ni delirium tremens, ni complejo de persecución: simple y llanamente es un asunto de política interna que a los ciudadanos que desean que se mantenga la laicidad del Estado, les preocupa.

3. Remito al lector al artículo de Bernardo Barranco, exconsejero del Instituto Electoral del Estado de México, vaticanólogo y estudioso de las religiones,"Lo que el Presidente aún no entiende", "Proceso" (número 1899) donde analiza a profundidad el mismo tema, que concluye así: "… Es posible que la atmósfera del cónclave haya revivido la nostalgia por los tiempos idos en que la legitimidad política no era otorgada por el pueblo ni mucho menos por medio del sufragio, sino que la legitimidad venía de Dios. Aquí pareciera que el pragmatismo de los políticos mexicanos se puede volver casi mágico y hasta místico". En el mismo artículo Barranco incluye un párrafo que es digno de ser meditado: "… ¿Qué tan religiosa es la clase política mexicana? ¿Pareciera salir del clóset para beneplácito clerical o es más conservadora de lo que pretende aparentar? Probablemente ante el notorio alejamiento de la ciudadanía, la clase política refleja que la debilidad de los partidos y de las instituciones es tal, que buscan formas alternativas de legitimidad.

4. A su vez la investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, María Eugenia García Ugarte, en su libro "La nueva relación de la Iglesia-Estado en México" (Nueva Imagen, 1993) apunta: "… Una gran interrogación todavía por resolver, es si las medidas que en materia religiosa ha impulsado el presidente Salinas de Gortari propiciarán la reconciliación con nuestro pasado eclesial y político, siempre tan conflictivo y tan lleno de drama y amargura. La apuesta del libro es que es posible si el presidente actual y los venideros, al margen de su credo personal, rechazan la tentación de jugar el juego de poder, principesco y dictatorial, de la Iglesia católica".

Vuelvo a mi preocupación inicial por la salud de la separación Estado-Iglesia y el laicismo en México. Oigamos de un planteamiento de Fernando Savater, lo que concierne sólo a estas reflexiones: "… El laicismo no es de modo alguno una actitud antirreligiosa sino enteramente evangélica: 'Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios'. Consiste en resguardar las instituciones y leyes civiles de la férula religiosa". Convirtámonos todos en los guardianes de nuestro mejor blasón y que, lo que costó afanes y sangre derramada a la generación de la Reforma juarista para liberarnos del yugo de la Iglesia católica a través de la separación Estado-Iglesia, continúe gozando de cabal salud.

No permitamos que el oportunismo y el pragmatismo de la clase política, echen por la borda nuestra laicidad… ¡Laus Deo semper!

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