Nostálgicos de Torquemada

¿Son de los que opinan que la presencia en solitario de un crucifijo en un aula donde conviven varias creencias puede ir en contra de la libertad religiosa? Pues elijan etiqueta: o son unos laicistas histéricos o unos fundamentalistas del laicismo. ¿Cómo se les queda el cuerpo? El hallazgo es del editorialista de ABC en su tardía colleja al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo y a quienes han saludado su decisión sobre los crucifijos. Siéntanse aludidos: “En España ha faltado tiempo para que los fundamentalistas del laicismo se lanzaran a pedir la inmediata retirada de crucifijos. El Gobierno de Rodríguez Zapatero guarda por ahora un prudente silencio y sería mejor que lo mantenga para no secundar estas ridículas propuestas de laicismo histérico”.

Esto con Torquemada no pasaba. Y tampoco que los artistas se desmandasen, como señalaba ayer -citando a un baranda vaticano- la cadena Cope en su editorial: “El arte se ha dedicado a ‘formas de experimentación sofisticadas, a veces incomprensibles… y frecuentemente sólo provocadoras’, denunciaba el Presidente del Pontificio Consejo de la Cultura”. Pero la cosa se va a arreglar, pues dentro de un par de semanas los pecadores serán recibidos por Ratzinger y, siempre según la emisora episcopal, a partir de ahí, pelillos a la mar: “El encuentro del Papa con los artistas el próximo 21 de noviembre, marcará el inicio de un nuevo acercamiento. Se quiere superar el divorcio de las últimas décadas”.

Los banqueros no son libres

De otros artistas e intelectuales, los firmantes de un manifiesto pelín rojete, despotricaba ayer en La Razón Carlos Rodríguez Braun. En el mismo viaje, sin rubor alguno, nos vendía la siguiente moto: “Las finanzas disfrutan de una libertad aún menor que las demás actividades económicas, al estar el dinero y la Banca controlados por autoridades públicas y monopólicas llamadas bancos centrales, es decir, cualquier cosa menos el mercado libre”. Acabarán dándonos pena los pobrecitos banqueros.

Atención, noticia: Alfonso Ussía ya no es de los suyos. Lo anunciaba solemnemente en La Razón: “Ustedes han perdido mi voto. Me han obligado a incumplir mis derechos. No he fallado, hasta la fecha, a ninguna cita electoral desde que España se abrazó a la libertad. Y mi voto, no es difícil adivinarlo, no es de izquierdas. Pero se ha acabado. Con esa tropa al frente del PP mi obligación es abstenerme”. Les da una pena inconmensurable, ¿a que sí?

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