Nos vamos de Semana Laica

Lo que me molesta enormemente es que en esas celebraciones participen cargos electos o instituciones del Estado, no a título individual, sino como representación institucional. Y que se gaste dinero público.

Si en alguna materia no acabamos de salir del franquismo es en esa relación especial entre la Iglesia Católica y las instituciones.

Esta tiene que ser también una Semana Laica, un tiempo de ocio en el que puedes apagar la tele, leer un libro o disfrutar de la naturaleza

Por fin ha llegado el paréntesis festivo que todos esperamos para hacer un paréntesis en la vida profesional y desconectar un poco de los problemas que nos afligen a diario. Esta semana, conocida como Semana Santa por aquello de la tradición católica cristiana imperante en estas tierras, es siempre una buena oportunidad para descansar unos días y dedicárselos a la familia o a los amigos. Hasta los políticos se van a tomar unos días de asueto antes de sumergirse a tope en la campaña electoral que tenemos en ciernes.

Y claro, ya estamos viendo por televisión esas coloridas procesiones y otros actos de carácter religioso tan característicos de estas fechas. Unos actos que atraen el turismo a ciudades como Sevilla o Málaga, pero que se celebran también en muchos puntos de Euskadi, en los que su arraigo es también importante. A mí, como persona no creyente, no me molesta que se programen actos de este tipo. Me parece que la religión es algo personal que merece al menos respeto, aunque esas creencias te parezcan absurdas. Cada cual puede creer en Dios, en Papá Noel o el Ratoncito Pérez y celebrarlo como le plazca. Eso es libertad y tolerancia. Lo que me molesta enormemente es que en esas celebraciones participen cargos electos o instituciones del Estado, no a título individual, sino como representación institucional. Y que se gaste dinero público en manifestaciones de fe que deben quedar, como marcan las leyes, en el ámbito de lo privado.

Si en alguna materia no acabamos de salir del franquismo es en esa relación especial entre la Iglesia Católica y las instituciones. A pesar de lo mucho que ha cambiado nuestra sociedad, a la que se han incorporado millones de personas de otras religiones, el nacionalcatolicismo sigue vigente. Seguimos sujetos a un vergonzoso Concordato que exime al Vaticano de obligaciones que tenemos el resto de personas e instituciones (incluidas otras religiones) y se le perdonan impuestos que tanta falta hacen para mantener servicios públicos esenciales que ahora mismo están siendo recortados. Mientras tanto, se prohíbe que se abran mezquitas con las excusas más absurdas, como que los fieles musulmanes hacen mucho ruido y molestan a los vecinos. Supongo que en localidades como Calanda no habrá colado esa excusa. Pero por ejemplo, en Vitoria-Gasteiz sí que han servido argumentos como este para prohibir el culto en determinados barrios, en un peligroso juego destinado a conseguir votos fomentando el odio a lo diferente.

Esta tiene que ser también una Semana Laica, un tiempo de ocio en el que puedes apagar la tele, leer un libro o disfrutar de la naturaleza, actividades imprescindibles para la formación de ese espíritu crítico que nos hace libres. Sin ese espíritu crítico caemos, aunque es cierto que no de forma inexorable, en la ignorancia y el fanatismo. Ese fanatismo que criticamos cuando son integristas islámicos los que actúan como barbaros, pero que somos incapaces de reconocer cuando vemos a personas con la espalda en carne viva a causa de latigazos auto infligidos durante una procesión de Semana Santa. Nos horrorizamos de los actos del Estado Islámico, pero olvidamos que la Iglesia Católica ha fomentado actos similares y hasta no hace demasiado tiempo. Y que todavía hay cuerpos enterrados en cunetas asesinados por pelotones capitaneados por capellanes militares. La historia de la Iglesia Católica está llena de episodios vergonzosos, que dejan al Partido Nazi de Hitler o al PCUS de Stalin a la altura de un grupo de scouts. Y aunque también está llena de gente que de buena fe se dedica a labores humanitarias, este no es un caso de los de “la mano derecha lava lo que ha hecho la mano izquierda”.

Por eso duele ver a nuestros representantes institucionales acudir a actos religiosos o a políticos fomentar leyes basadas en sus creencias, que nos pretenden imponer por medio del adoctrinamiento. Y es que muchos creemos de verdad que puede existir una sociedad laica, donde nadie nos imponga sus creencias y nadie coarte las creencias de nadie. Y por eso queremos que esta semana sea la Semana Laica, a la espera de que el calendario festivo se despegue de una vez por todas de esa tradición católica que nos imponen a los que esas festividades no nos dicen nada. La primavera, sobre todo en Euskadi por eso de la meteorología, se merece una bienvenida festiva y vacacional, pero corresponde a cada uno decidir si celebrarla como laica o como santa.

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