Normalizar los abusos

Fernando Sebastián Aguilar, arzobispo emérito de Pamplona y nuevo cardenal español, ha dicho que “la homosexualidad es una deficiente sexualidad”. No se asuste usted por tan peculiar definición: Sebastián Aguilar es un hombre de mundo, con profundos conocimientos sobre el ser humano, y ha ofrecido de inmediato la solución al problema: “Se puede normalizar con tratamiento”. Es decir, que el que es maricón es porque quiere: un par de cajas de Bujarronín  Forte, en jarabe o en cápsulas, nunca en supositorios, y a correr por ahí con los testículos henchidos de testosterona.

Prestemos atención a sus reflexiones, por estúpidas que nos parezcan. Es muy posible que cuando destacados miembros de la iglesia opinan sobre la homosexualidad, a diferencia de cuando tocan el tema del aborto, sepan perfectamente de qué hablan. Deficiencias, dicen. Y tienen razón: un monaguillo resulta, sexualmente hablando, de una anormalidad estremecedora.

El deslenguado cardenal Sebastián Aguilar es un fichaje de Francisco, el papa bueno, progresista, atrevido y campechano. El mismo papa Francisco puso en marcha el pasado mes de diciembre una comisión para luchar contra la pederastia dentro de la iglesia, oh milagro, y sus partidarios aplaudieron hasta que les sangraron las manos. Lamentablemente todo era pose: el pasado jueves 16 de enero, en una comparecencia pública ante la ONU para tratar el tema de los abusos a menores, el Vaticano se negó a aportar la información requerida sobre casos de pederastia en la Iglesia. Es decir, que la famosa cruzada contra los abusos sexuales en la iglesia era de boquilla. “También hay abusos entre los miembros de las profesiones más respetables del mundo”, dijo Silvano Tomasi, representante del Vaticano ante la ONU, en lo que podría parecer un intento por normalizar los abusos.

El papa bueno, progresista, atrevido y campechano de momento se queda en papa campechano, hincha del San Lorenzo. Recuerdo haber leído una entrevista a Juan Gelman, el gran poeta que acaba de morir, en la que se quejaba amargamente de Francisco: “Hablé con él cuando buscaba a mi hijo y me dijo que no podía hacer nada. Pero ante la justicia declaró otra cosa, que había hecho gestiones sin éxito. No me consta si las hizo o no. Pero dejó a la intemperie a varios jesuitas cuando era provincial…”.

Fernando Sebastián cardenal 2014

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