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Noemí Ubach: “Si conseguimos desmontar la misoginia en las religiones, estaremos dando un paso adelante en la lucha feminista”

“El trabajo en red es nuestra fuerza, y las complicidades con mujeres de distintas ciudades, una gran riqueza personal” 

“El Papa Francisco ha realizado pequeños cambios, que aunque insuficientes, son importantes simbólicamente porque abren caminos”

“Quedan muchas estancias por airear en la Iglesia, pero hay signos de esperanza que hay leer para aprovecharlos”

Convocadas por la coordinadora de mujeres creyentes ‘Alcem la veu’ (Alcemos la voz), un centenar de personas se manifestaron el pasado domingo 7 de marzo frente a la fachada de la Catedral de Barcelona bajo el lema ‘Per la dignitat i la igualtat de les dones a l’Església’ (Por la dignidad y la igualdad de las mujeres en la Iglesia.

Quieren cambios profundos que permitan el liderazgo compartido entre ambos sexos, un cambio de mentalidad y un reconocimiento diferente de la mujer en el ámbito eclesiástico y teológico. La manifestación fue un paso más de un camino que llevan a cabo con determinación, a sabiendas de las dificultades que, a buen seguro, seguirán encontrando.

Son optimistas de cara al futuro. Tal como reconoce Noemí Ubach, portavoz de ‘Alcem la veu’ y miembro del Movimiento de Profesionales Católicos de Barcelona, “tardará mas o menos, pero si las mujeres estamos convencidas de ello, esta ola feminista es imparable”.

Qué valoración hace del nombramiento de la religiosa francesa Nathalie Becquart, como subsecretaria del Sínodo de los Obispos por el papa Francisco. Hasta ahora es una de las pocas mujeres con voz y voto en el Vaticano y, al igual que otras, comparte la subsecretaría con un varón. ¿Esto es una señal de resistencia de la Santa Sede hacia la plena inclusión de la mujer?

Aplaudimos el nombramiento de mujeres en cargos de responsabilidad y liderazgo en la Iglesia. El Papa Francisco ha realizado pequeños cambios, que aunque insuficientes, son importantes simbólicamente porque abren caminos, como la reforma del Código de Derecho Canónico sobre acolitado y lectorado. Estos pequeños pasos vienen a demostrar que el inmovilismo no tiene la última palabra, ni aún en la Iglesia. Ahora bien, los sectores eclesiales más conservadores, con los que el mismo Papa tiene que lidiar, tienen todavía peso en Roma, ya que para cada cargo femenino hay un doble masculino. Quedan aún muchas estancias por airear, pero hay signos de esperanza que es necesario leer para aprovecharlos: persistir es conseguir. 

"Si las mujeres estamos convencidas de ello, esta ola feminista es imparable", asegura Ubach.
“Si las mujeres estamos convencidas de ello, esta ola feminista es imparable”, asegura Ubach.

¿Qué acogida ha tenido Alcem la veu en la Iglesia y en la sociedad desde que hiciera público su manifiesto a inicios de 2020? 

El año pasado en menos de un mes ya teníamos 1.000 adhesiones al manifiesto, y este año en dos o tres días ya se habían agotado las 100 plazas para el acto presencial del 7M (no podíamos ser más por razones sanitarias). Nos ha sorprendido la cantidad de personas que nos han mostrado su apoyo. “Ya era hora que este tema saliera a la luz, yo os sigo”, dicen muchas mujeres y algunos hombres católicos. 

Recientemente se ha constituido ‘Alcem la veu Menorca’ a raíz del caso de Carmen Mascaró, que fue apartada del catecismo en octubre de 2020 por casarse con otra mujer. ¿Han brindado ayuda a las compañeras menorquinas? 

Hemos estado en contacto con ellas y les hemos mostrado todo nuestro apoyo. Admiramos su valentía y determinación en hacer público el caso, para que no pase desapercibido. En la medida de nuestras posibilidades hemos querido ser altavoz de este suceso para que este tipo de discriminaciones no queden sin respuesta. En la sección en la que colaboramos de la revista Foc Nou, publicamos un artículo al respecto y mantenemos el contacto para acciones futuras. 

“Queremos que la Iglesia entera sea testimonio de vida fraterna, y que la misma estructura eclesial, ahora tan impregnada de prejuicios hacia las mujeres, pueda cambiar”

¿Durante este último año, ha habido algún tipo de complicidad con otras feministas ajenas al catolicismo?

A nivel personal, amigas feministas nos muestran su apoyo: Aprecian nuestra valentía  y saben que tenemos mucho trabajo por delante. A nivel institucional no hemos hecho todavía contactos, más allá de complicidades puntuales en las redes sociales. Algunas mujeres no aceptan que se pueda ser feminista y católica, pero estoy coonvencida de que si conseguimos ir desmontado la misoginia en las religiones (no solo en la católica) estaremos dando un paso adelante en la lucha feminista. Por otro lado, las mujeres reivindicamos el derecho a la libertad religiosa y de culto, como queda recogido en la Declaración de Derechos Humanos. 

¿Cómo es ese trabajo en red que llevan a cabo de forma agrupadas en el colectivo “Revuelta de mujeres en la Iglesia” y con la asociación internacional Catholic Women Council?

Nos coordinamos con el movimiento de la Revuelta para algunas acciones, como por ejemplo fijar la fecha de los actos del 8M. También conjuntamente hemos enviado una carta al Papa Francisco con nuestras reivindicaciones. El año pasado tuvimos la visita de responsables de Voices of Faith el mismo día del acto reivindicativo del 8M y nos ayudaron en la difusión del evento. Este año nos unimos al proyecto de CWC de convocar un sínodo de mujeres para la primavera de 2022. El trabajo en red es nuestra fuerza, y las complicidades con mujeres de distintas ciudades, una gran riqueza personal.  

"Formamos parte de la Iglesia, y es nuestra casa".
“Formamos parte de la Iglesia, y es nuestra casa”.

¿Por qué se empeñan en seguir formando parte de una institución cuya jerarquía, a menudo, se comporta de forma tan dogmática y excluyente?

Formamos parte de la Iglesia, y es nuestra casa. En muchas de nuestras asociaciones y movimientos laicos hemos podido vivir la Iglesia como comunidad de iguales, han sido espacios de libertad e igualdad, jóvenes, mujeres y hombres juntos compartiendo proyectos, liderazgos, celebrando la fe y dando respuesta a nuestra dimensión espiritual. En ese espacio muchas de nosotras hemos crecido, nos hemos formado, hemos compartido fe y vida, y toda esta experiencia gratificante nos ha conformado como personas. 

Por esa misma razón queremos que la Iglesia entera sea testimonio de vida fraterna. Deseamos que la misma estructura eclesial, ahora tan impregnada de prejuicios hacia las mujeres, pueda cambiar. Que el marco cultural y legal que rige los espacios de poder y toma de decisiones, lastrados por el clericalismo, vaya cediendo a un modo de hacer más respetuoso con la diversidad, el diálogo y con la dignidad de todos los bautizados. Porque la defensa de la dignidad sin igualdad es paternalismo o hipocresía. Soñamos una Iglesia mejor porque la hemos vivido y sabemos que no es sólo posible sino deseable.

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