Noche de pesadilla

ANOCHE me acosté después de haber leído una noticia en un periódico: la asociación Europa Laica ha estado haciendo cuentas y dice que la Iglesia católica recibe del Estado, entre unas cosas y otras, unos diez mil millones de euros, tantos como el Gobierno ha recortado del presupuesto de sanidad y educación en nuestro país.

Así que si la Iglesia tuviera un gesto de generosidad (que sería consecuente con aquello de "Al César lo que es del César…") y decidiera autofinanciarse, podríamos ahorrarnos esos recortes, con la venia de Rajoy. Pero, claro, es impensable, porque la Iglesia, como institución, no tiene corazón sino finanzas. Y el tinglado de adoctrinamiento que tiene montado a todos los niveles resulta insaciable y necesita involucrar al Estado para "involucrarse ella misma" en la sociedad, de forma machacona e implacable. La Iglesia se sabe privilegiada, pero cree que eso es lo que le corresponde por ejercer su labor doctrinal sin desfallecimientos.

Pensando en la Iglesia, el gobierno y esa ideología cada día más ultraconservadora que nos quieren imponer en medio del río revuelto actual, no me podía dormir. Las mujeres la vamos a sufrir hasta el fondo. De nuevo nos quieren encerradas en la casa haciendo "milagros", sacando adelante a niños, mayores y enfermos con la heroicidad que se nos supone.

Obviamente el sueño llegó como pesadilla. Plácida en principio: yo estaba en el salón viendo el telediario. Y no daba crédito a lo que veía: Monseñor Rouco Valera estaba siendo entrevistado y su cara normalmente avinagrada y malhumorada tenía un gesto benevolente y pacífico, no es que llegara a aquella sonrisa bonachona que tenía el Papa Juan XXIII, pero sí se le veía relajado y con cierta aureola serena. Se dejaba entrevistar por María Escario. Como es locutora deportiva, me quedé más desconcertada aún, pero ya se sabe que en los sueños todo se mezcla y el fútbol casi empieza a ser ya también una pesadilla.

María Escario le preguntaba: "Eminencia, ¿por qué ha decidido venir al telediario, así, por iniciativa propia, tiene algo importante que anunciarnos…?". "Si -interrumpía monseñor- la Iglesia quiere pagar el IBI voluntariamente y más aún, queremos autofinanciarnos, en estos momentos duros no debemos ser una carga para la nación…". Monseñor sonreía beatíficamente, pero en ese momento apareció por detrás de la locutora una especie de diablo furioso gritando con acento gallego, y yo me desperté despavorida cuando quise levantarme del sofá para salir corriendo o dar saltos. Qué sé yo.

Print Friendly, PDF & Email

También te podría gustar...