No son jaladas

Donde el Estado no es laico y se impone una religión a todos los habitantes se corren grandes riesgos que ponen en peligro la convivencia y la libertad.

Hace días, mostrando elegancia y elocuencia, un jerarca católico señalaba que ni la gente ni los maizales eran laicos, que eso del Estado laico es una jalada. En correcto castellano, la Real Academia publica en su diccionario que en nuestro país jalada es un tirón, la acción y efecto de tirar violentamente. En otro contexto más coloquial es 1. expresión dicha como respuesta a un sujeto haciendo o diciendo cosas muy graciosas. 2. sangrón. 3. incoherente. 4. abuso. 5. tontería. Imagino se refería a alguna de estas ultimas concepciones del término.
Como católico considero que son equivocados los intentos de mi iglesia de debilitar al Estado, de buscar imponer al resto de la sociedad las creencias y prácticas de un grupo limitado de nuestra comunidad. El Estado laico es un límite a las iglesias pero a su vez garantiza el ejercicio de la libertad de culto. En países donde el Estado profesa alguna creencia o bien en donde inclinan políticas y acciones públicas a favor de alguna religión los ciudadanos sufren.
Casos muy sonados como el castigo con pena de muerte por lapidación al adulterio, o bien el asesinato consentido por el estado para homosexuales se unen a prácticas curiosas como la poligamia o bien a crímenes como la ablación. Entonces pudiéramos decir que la mayor bendición que hay en nuestro país en materia de religión es que el Estado no tenga ninguna de ellas. Así garantizamos que no sea posible que se mate a alguien a pedradas o que se mutilen los genitales de las mujeres o que se castigue con azotes o que se dinamiten esculturas milenarias, que las mujeres puedan vestir como deseen o incluso que puedan recibir educación.
Donde el Estado no es laico y se impone una religión a todos los habitantes se corren grandes riesgos que ponen en peligro la convivencia y la libertad. Ejemplo claro lo tenemos en la minicruzada que vivimos en nuestro país durante la guerra cristera.
El Estado laico no es una jalada, no es gracioso, no es incoherente, por supuesto no es un abuso y menos una tontería. El Estado laico es cosa seria, importante pilar de nuestra sociedad y de nuestra democracia. Al buscar el debilitamiento del Estado laico la iglesia toma el lado del resto de los enemigos de los mexicanos.
Vale la pena dedicar tiempo a la lectura del artículo de Federico Reyes Heroles en el último número de la revista Este País. Nos recuerda que el Estado nace como un medio de defensa de los intereses de los mexicanos. Quienes en la actualidad buscan cambios políticos por medio del debilitamiento del Estado no entienden que es una conducta mortal para nuestra sociedad. Vociferar contra el Estado es tan popular como miope nos dice Reyes Heroles y nos recuerda que el debilitamiento del Estado es también un objetivo del narco, por lo que nuestro riesgo no es perder la guerra contra el narco o que la iglesia católica imponga a la sociedad su modo de ver las cosas y de vivir, sino de perder, en detrimento de todos, al Estado mexicano.


Armando Luna Canales es Secretario de Gobierno del Estado de Coahuila.

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