No queremos su caridad Señora Díaz, queremos justicia social

El tweet habla por sí solo. Susana Díaz agradeciendo a la caridad de una asociación religiosa (Obras Cristianas de Gibraleón) haber mantenido el estado del bienestar durante la época de crisis.

La caridad como forma de salvaguardar la dignidad de miles de personas, abandonadas por las instituciones públicas durante el periodo de
estafa  crisis económica en temas tan fundamentales como son los desahucios, la dependencia, las ayudas sociales, el derecho a una sanidad digna o unas aulas donde poder estudiar en condiciones.

La presidenta andaluza, a la que las encuestas dan casi por seguro que repetirá mandato, se entrega a un discurso populista que frecuentaba con alborozo el Partido Popular. El de fomentar la caridad por encima de la justicia social. El de entender que a los pobres no lo defienden sus derechos, sino la condescendencia de unos pocos a la hora de repartir migajas.

El mensaje lanzado ayer es hasta el final lamentable, pues la presidenta remata: “un derecho del que nadie duda ya”. Le habrá traicionado el subconsciente. ¿Quién dudaba antes del derecho a la dependencia y a una vida digna? ¿Nos lo puede aclarar la presidenta? ¿Los bancos, los especuladores, los asesores, los beneficiarios de los ERE, los políticos profesionales como ella?

Porque en la calle, señora presidenta, nadie dudaba, ni duda, de los derechos básicos de las personas (vivienda, comida, pensiones, sanidad, educación, vida digna). Nadie quiere, además, estar en manos de ese pan para hoy y hambre para mañana que es la caridad. No es un motivo de orgullo, es un motivo de vergüenza al que ni siquiera aludir.

Debería, en todo caso, trabajar la señora Díaz en fortalecer nuestro estado del bienestar, y en rescatar a los más de 500.000 pobres que ha generado Andalucía en esta última década de gobierno socialista. Hacerlo por los 3,1 millones de andaluces que están en riesgo de exclusión, por dar un trabajo digno a esas 3 de cada 10 personas que trabajan que lo hacen por menos de 327 euros al mes.

Todas ellas no quieren su caridad, quieren, además del fin de los privilegios de su clase política, una sociedad más justa e igualitaria.

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