«No necesitamos una constitución, tenemos la Biblia»

El presidente del comité de Constitución, Derecho y Justicia dice que cada pieza de legislación debe ser «compatible con la ley judía”.

Desde el momento en que los padres fundadores de Israel declararon la independencia de su Estado, los políticos israelíes no han podido ponerse de acuerdo sobre una constitución formal. Aunque la Declaración de Independencia estipulaba que debería redactarse una constitución antes del 1 de octubre de 1948, la guerra de ese año y la incapacidad de las diferentes facciones de la sociedad israelí impidieron que se llegara un acuerdo sobre el propósito y la identidad para que eso sucediera.

De vez en cuando los políticos y la sociedad israelí reflotan la idea de una constitución formal, pero nunca se llegó a buen término. Ahora, al parecer, la posibilidad de preparar una constitución aparece como algo redundante para el presidente del comité de la Knesset encargado del asunto, que está acusado, entre otras cosas, de determinar la constitucionalidad de los proyectos de ley propuestos en el Parlamento.

En una entrevista al el periódico Israel Hayom en esta semana, Nissan Slomiansky, el presidente del Comité de Constitución, Ley y Justicia de la Knesset, declaró que la redacción de una constitución no es necesaria porque «Israel ya tiene una Constitución, la Biblia».

Según Slomiansky (del partido Hogar Judío), la legislación de la Knesset debe ser «compatible con la ley judía» y agregó que «no hay ninguna razón para que no se aplique en este caso».

Al igual que el Reino Unido, Israel no tiene una constitución escrita, sino que se basa en un conjunto de «leyes básicas» que se construyeron poco a poco desde su fundación. Estas leyes se ocupan de la formación y el papel de las instituciones del Estado, las relaciones entre las diferentes autoridades estatales y sus bifurcaciones y protegen los derechos civiles. A esta legislación se le les dio rango constitucional en una decisión histórica de 1992 que tomó el juez presidente del Tribunal Supremo de Israel en ese momento, Aharon Barak. Desde entonces el Tribunal Supremo ha afirmado su autoridad para invalidar disposiciones de las leyes de la Knesset que se han revelado incompatibles con una ley básica y que el partido de Slomiansky está trabajando duro para cambiar.

Slomiansky, uno de los fundadores de Gush Emunim (un movimiento mesiánico judío que promovió el asentamiento de judíos en los territorios ocupados) y el exjefe del Consejo de Judea y Samaria (Consejo Yesha), es una de las fuerzas principales que empujan a una importante revisión del tribunal, una institución que el Consejo considera «desconectada de la voluntad del pueblo». En esencia, sin embargo, su objetivo es reemplazar a los jueces más liberales y facultar a la Knesset para anular sentencias del Tribunal Supremo que se manifiestan en contra de leyes antidemocráticas. La ministra de Justicia, Ayelet Shaked, también del partido Hogar Judío, ha expresado su apoyo en el pasado por esta línea de pensamiento.

Slomiansky y sus secuaces puede revocar por cuenta propia el sistema judicial de Israel de un día para otro. Pero sus comentarios son un reflejo de la dirección que la sociedad israelí ha tomado en los últimos años. El partido Hogar Judío, sin escrúpulos, ha manifestado su deseo de dar predominio al concepto «judío» en lugar del carácter «democrático» del Estado y sus aspiraciones anexionistas para Cisjordania, los ataques contra las ONG de derechos humanos , la inculcación de valores religiosos-sionistas en la juventud de la nación y su puro y simple racismo muestran todos los indicios de que la quimera de Slomiansky puede estar más cerca de lo que nos gustaría pensar.

Fuente: http://972mag.com/we-dont-need-a-constitution-we-have-the-bible/108411/

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