«No guardo rencor, pero tengo derecho a contar lo que pasó»

A los 82 años, el embajador de Chile en Francia, Jorge Edwards, escribe el primer volumen de sus memorias, sin excluir hechos traumáticos como el abuso sexual que sufrió por parte de un sacerdote de un prestigioso colegio religioso.

Hubo una época en la que el escritor Jorge Edwards vivía más de noche que de día. Eran los años cuarenta y él era joven. Por entonces coqueteaba con el surrealismo de Vicente Huidobro, descubría a Kafka con Alejandro Jodorowsky y de vez en cuando visitaba a Pablo Neruda, que por entonces ya era una referencia literatura. Todos esos encuentros dejaban una huella material, evidente, en los manteles donde discurrían las charlas: la de las gotas del vino que se iba escurriendo de las botellas mientras pasaban las horas. De ahí, explica el chileno, surgió Los círculos morados. Ese es el título del primero de los tres tomos del proyecto memorialístico escrito por el premio Cervantes, que acaba de editar Lumen en España.

A sus 82 años, Edwards –actual embajador de Chile en Francia–, puso el espejo retrovisor para escribir sus memorias. Para ello recuerda su infancia burguesa, su juventud, el inicio en la literatura. Pero también, su experiencia como víctima de abuso sexual por parte del sacerdote de un colegio religioso de prestigio, cuando tenía once años. "Es una mirada al pasado pero sin rencor, porque yo no soy un tipo rencoroso, ni siquiera en este capítulo que todos han destacado  y que lo cuento porque tengo derecho a contarlo, aunque sea brevemente y sin explotarlo", le dijo Edwards a la agencia Efe y agregó que la literatura lo salvó de tener que ir al psiquiatra. “Vamos a ver qué pasa en Chile con esta historia –declaró en un entrevista en La Tercera– pero creo que casos como estos se conocen mucho hoy en el país. Yo pensé en mi historia y quise contarla. Pienso que lo ideal en un libro de memorias es contarlo todo, incluso es algo sano. Aunque la literatura de memorias en Chile no ha funcionado, porque los chilenos son muy púdicos para escribir, aunque son muy impúdicos para hablar.”

Relato de los primeros 22 años de la vida de Edwards, este primer el volumen reconstruye el descubrimiento de su vocación literaria junto a sus primeros compañeros de ruta, los mismos con los que tenía discusiones acaloradas junto a un vaso de vino. Termina con los acercamientos iniciales entre el escritor y Neruda, y alcanza a vislumbrar un hito decisivo del siglo XX, la muerte de Joseph Stalin.
"En el segundo tomo aparecen muchos nombres de otra etapa de mi vida, cuando conocí a Vargas Llosa o Julio Cortázar o escritores franceses y españoles, como Jaime Gil de Biedma, o editores como Carlos Barral", adelantó a Efe. Y agregó: "Para este segundo tomo tengo que volver a releer muchas obras y volver sobre muchos hechos para los que tengo que tener tiempo, y eso ahora no lo tengo. Estoy escribiendo una novela y, cuando acabe, me pondré de lleno con el segundo tomo. Hoy quito tiempo a la noche o la madrugada, antes de ir a la oficina, pero ya me queda poco, porque creo que en menos dos años dejo la Embajada."

Los círculos morados, apuntó, es una historia generacional, un libro de formación, de cómo se forja un adolescente. "Es una especie de retrato del artista adolescente, como el de Joyce, a quien leí muchísimo cuando estaba en los jesuitas", precisó el autor. El libro es pura literatura, un ejercicio literario construido con la propia materia del autor. Una mirada hacia el interior de Edwards basada en la verdad y en cómo en todo texto literario se cuela la ficción.

"La ficción es un mecanismo de la memoria, porque la memoria no reproduce las cosas sino que las selecciona, escoge y organiza. El arte de la memoria es el arte de la invención. Existe una memoria inventiva", recalcó.

Una perspectiva muy larga sobre el pasado en el que Edwards dibuja un mundo que hoy ya no existe. En opinión del autor, "todo ha cambiado mucho, la vida, la ciudad, la sociedad y yo”. Por eso, agrega, lo que intenta es recuperar las cosas desaparecidas, las costumbres o maneras de ser del Santiago de su infancia y de juventud, que, por cierto, "estaba lleno de personajes excéntricos, de personas locas". "Recuerdo que Neruda me decía: 'Qué pena que estos personajes hayan desaparecido. Habría que haberlos mantenido en formol', y es verdad. Hoy ya no hay tiempo para perder en ver y observar a estos personajes", apuntó el escritor.

Edwards pretende seguir adelante con la trilogía de su vida, ajustándose al siguiente plan: el segundo tomo cubriría los años del boom, y el tercero se iniciaría con el estallido de la dictadura, para terminar en el presente. “Pero aún no escribo nada de eso”, advierte.

Y aunque es inevitable la presencia de recuerdos y añoranzas, el escritor asegura que no es una persona nostálgica. "Sufro de optimismo, soy un hombre que mira hacia adelante", concluyó. «escribir y llamarse edwards

"Es muy difícil ser escritor en Chile y llamarse Edwards", le advirtió de golpe Neruda al autor de La muerte de Montaigne. Terminaba 1952 y era la primera vez que se veían. Estaban en la casa de Los Guindos, donde el poeta vivía con su esposa Delia del Carril. Edwards había llegado ahí después de descubrirse como escritor junto a un grupo de jóvenes que miraba de lejos a Neruda y daría forma a la Generación del '50. Escritor, diplomático y periodista nacido en Santiago de Chile en 1931, es autor de numerosas novelas, cuentos y ensayos. Destacan, entre otras obras, El peso de la noche, La mujer imaginaria, El origen del mundo, Gente de la ciudad, y Las máscaras. Miembro de número de la Academia Chilena de la Lengua, ha sido distinguido con numerosos premios, entre los que destacan el Nacional de Literatura 1994 y el Cervantes en 1999. En 2010 fue nombrado embajador en París por el nuevo gobierno de Sebastián Piñera, político al que Edwards apoyó públicamente durante la campaña electoral.

Jorge Edwards.

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