No es el momento

La izquierda brujulea entre los sondeos del electorado y subordina cualquier iniciativa a la previsión de voto.

Suelen decir que no es momento de hacerlo o de dejarlo de hacer. Pocas veces aducen razones claras y comprensibles para la gente. Ese "no es el momento" suele estar siempre en un contexto turbio y ambiguo. Empezamos a percibirlo (sufrirlo) cuando la OTAN se tornó Alianza Atlántica y vimos que "De entrada, no". O sea, la cuadratura del círculo, la tomadura de pelo, el tocomocho. Las cosas no han cambiado. Ahora dicen que aún no es momento, y cuando releemos sus programas electorales, sus promesas, sus propósitos, juran y perjuran que todo sigue en pie, pero que aún no es momento de llevarlo a la práctica, al Parlamento, a la calle.

Nos dijeron que iban a cambiar "en los próximos años el modelo energético vigente, basado en el uso intensivo de recursos fósiles y nucleares", pero aún no sabemos si cerrarán Garoña y si, de hecho, se oponen a la energía nuclear: temen perder votos y que alguien husmee en las contradicciones entre lo prometido y los hechos. La izquierda tiene complejo de meter la pata, de no estar a la altura. La izquierda lleva años sin hablar claro ni proceder claro. Mientras la derecha repite incansablemente sus recetas (revestidas de patriotismo y de fofa eficacia), la izquierda no se atreve a proponer al pueblo mensajes precisos, claros, sencillos y contundentes. Hoy por hoy, la derecha quiere conservar a ultranza lo que sus votantes desean: si hay crisis económica, abaratemos el despido; si el catolicismo nos sostiene, mano dura a los homosexuales, los anticonceptivos, la reforma de la ley del aborto o la asignatura Educación para la Ciudadanía. La derecha miente legítimamente o cree estar legitimada para mentir: dice exactamente lo que quieren oír sus votantes. La izquierda, en cambio, miente, pero sin contenidos nítidos en sus palabras. Sus posibles votantes no saben ya qué es, qué quiere, qué no quiere eso que se sigue llamando izquierda o centro-izquierda.

En marzo pasado, IU propuso en el Congreso un proyecto de ley para despenalizar la eutanasia y garantizar una muerte digna y sin dolor, pero los grupos parlamentarios del PP y del PSOE rechazaron dicho proyecto. Concretamente, la diputada socialista Pilar Grande declaró que no había llegado el momento de "acometer la regulación legal del derecho de los pacientes afectados por determinadas enfermedades invalidantes o terminales a poner fin a su vida" y el diputado popular Santiago Cervera tildaba el proyecto de Izquierda Unida de "iniciativas oportunistas que no forman parte de las preocupaciones y prioridades de los españoles".

 LA COSA ESTÁ clara: la derecha dice ser la encarnación viviente de las preocupaciones y las prioridades de la ciudadanía, de tal manera que quien no coincide con sus propuestas es antiespañol y está desconectado de los intereses reales de la gente. Lo dicen y se quedan tan tranquilos. Mientras, el Gobierno se queda, una vez más, con que no es momento de…

Llevan cinco años en el Gobierno y la reforma de la ley del aborto sigue estando en una maraña de torpezas, faltas de apoyo y declaraciones ambiguas. Lo dijeron alto y claro durante la campaña electoral, pero ahora temen que los linces y la fauna nacional restante les ocasionen una pérdida de votos. Antes la izquierda aspiraba a constituir una representación democrática y parlamentaria del pueblo frente a otros sistemas dictatoriales. Ahora brujulea entre los sondeos del electorado y subordina cualquier iniciativa o cumplimiento de programa a la previsión de voto. No es el momento

 LEJOS QUEDAN las previsiones programáticas socialistas en orden a "garantizar la libertad y el pluralismo religioso, desde la aconfesionalidad y laicidad del Estado, de acuerdo con los valores y principios constitucionales". Siguen el Concordato y los Acuerdos con el Vaticano, los obispos castrenses engalanados cual pavos reales en el desfile de las Fuerzas Armadas al lado de la realeza y de ZP, los funerales de Estado confesionales. A años luz están ya sus promesas electorales de que una "ciudadanía universal, solidaria y cohesionada" tiene como base "la protección real y efectiva de la libertad en condiciones de igualdad, garantizada por la laicidad". Y por ahí anda, entre otros muchos, el alcalde de Zaragoza, Juan Alberto Belloch, regalando (¿gastos de representación?) coronas de la virgen del Pilar a otros ayuntamientos, asistiendo a misas pontificales y a procesiones del Corpus. Y persiste la asignatura de Religión y Moral católicas en la escuela, así como el profesorado de religión designado por los obispos y pagado por todos. Eso sí, ya en su programa electoral decía el PSOE que la enseñanza religiosa se imparte "en" la escuela, pero no "por" la escuela. Es decir, Religión en la escuela pública: de entrada, no.

Pero todo tiene su explicación: aún no es el momento.

 Profesor de Filosofía

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