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“No deben islamizarse los problemas sociales” Tariq Ramadan

A Tariq Ramadan (Ginebra, Suiza, 1962) le cancelaron a finales del 2004 el visado para permanecer en Estados Unidos como profesor invitado de una universidad de Indiana.

El Departamento de Estado le acusó de prestar apoyo a organizaciones terroristas, pero, paradoja de las paradojas, este mismo Ramadan, nieto de uno de los fundadores en Egipto de los Hermanos Musulmanes, es asesor del Gobierno británico desde el 2005 en asuntos relativos a la política religiosa. En un seminario organizado por el Institut d'Estudis de la Mediterrània no se anduvo por las ramas cuando condenó a los iluminados de la bomba y desacreditó sus coartadas ideológicas.

–¿Qué piensa cuando oye que el islam ha perdido el espíritu crítico?
–No creo que los musulmanes hayan perdido su capacidad crítica. Creo que, por razones históricas, no han podido hacer un verdadero trabajo crítico. Basta recordar la dominación colonial, en los siglos XIX y XX, y aún hoy, la económica y política de Occidente. De forma que el mundo musulmán ha creído que debía protegerse y, cuando uno se protege, pierde el sentido autocrítico. Por último, muchas personas que en el interior del islam han practicado la crítica han sido consideradas aliadas de Occidente.

–¿Hay algunas señales de cambio?
–Hoy hay una verdadera realidad autocrítica en las sociedades mayoritariamente musulmanas. Se ha visto, por ejemplo, con la crítica al terrorismo. No es suficiente, pero es un punto de partida.

–¿Estas corrientes críticas llevan en su interior la semilla de la división en materia religiosa, como en el pasado sucedió en Europa?
–No creo que puedan compararse las civilizaciones y las religiones. El verdadero problema en las sociedades musulmanas es determinar qué relación mantiene la religión con las normas legales, cómo las influye, lo cual afecta a la relación entre la religión y la autoridad política. El descubrimiento que han hecho algunos musulmanes es que el pensamiento producido por sus sociedades no ha proporcionado los instrumentos que permiten evolucionar en el plano científico, económico y político. Este es el núcleo de la crisis.

–Al mismo tiempo, la crisis se alimenta con el retorno a los orígenes.
–Sí, pero el movimiento es doble. Por un lado, está aquel que se pregunta cómo relacionarse con las fuentes del pasado para solucionar los problemas de hoy: es la vía reformistas. Por otro lado, se encuentra aquel que regresa al pasado y rechaza la evolución histórica. Así que en el mundo musulmán hay un verdadero debate abierto sobre la legitimidad religiosa porque todo el mundo quiere recurrir a las fuentes.

–¿Hay en Francia quien dicen que esta vuelta los orígenes es la causa de la crisis de las banlieues, porque la idea de comunidad musulmana se impone a la de ciudadanía?
–Sucede exactamente lo contrario. Creo que las sociedades europeas, en particular la francesa y la inglesa, subestiman la integración real que se ha registrado. En realidad, los jóvenes que se han sublevado en las banlieues son ciudadanos franceses y reclaman ser respetados como tales. Piden más estructuras sociales, más acceso al empleo, más acceso a la vivienda. Cuando les dicen "sois árabes, sois musulmanes, debéis integraros", simplemente responden: "Atención, somos franceses". En el fondo, se trata de un debate sobre los derechos políticos y la democracia.

–También sobre la sociedad laica. ¿Cabe esperar que en un futuro próximo las comunidades musulmanas acepten que la religión es un asunto privado?
–Hay que decir que, en Europa, la mayoría de musulmanes no tienen ningún problema con esto. El problema es la integración socioeconómica, el acceso a los mismos derechos, y acabar con la discriminación y el racismo. Europa debe aplicar sus propios valores, reconciliarse con ellos. No deben islamizarse los problemas sociales; no somos nosotros quienes buscamos en la religión la explicación de las desigualdades.

–Entonces ¿a qué se debe que el punto de vista radical sea el que domina el debate político?
–En primer lugar, para los medios informativos es más interesante aquello que planea problemas. Ade-
más, el pensamiento radical monopoliza el debate negativo, lo cual influye en la discusión política en la cima del Estado, pero a escala local se llevan a cabo proyecto sociales constructivos y todo es bastante diferente. El otro aspecto a tener en cuenta es que el pensamiento radical alimenta la bipolarización social, como quiere la extrema derecha: estás en mi bando o en el contrario.

–Sin la situación en Palestina e Irak, ¿el pensamiento radical tendría menos peso?
–Tendría menos legitimidad, si puede decirse así. Lo cierto es que en el mundo musulmán existe una tradición de oposición al otro, hay que reconocerlo. Pero, dicho esto, no puede olvidarse que hay un resentimiento en todo el mundo musulmán por Palestina y por Irak que explica parte del fenómeno radical, pero no la totalidad del mismo.

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