«Ninguna cultura de hoy tiene una visión global para que el planeta siga adelante»

El escritor libanés advierte en «El desajuste del mundo» contra el peligroso desequilibrio entre el progreso técnico y la regresión moral

El péndulo de la Historia se desplazó de un lado a otro y derribó un muro, el Muro, en lo que parecía un camino de dirección única. En su nuevo libro, 'El desajuste del mundo. Cuando las civilizaciones se agotan' (Alianza Editorial), el escritor libanés Amin Maalouf (Beirut, 1949) se pregunta si no se desplazó demasiado y la estación final del libre mercado no era una quimera más. El derroche de sus principios éticos comprometen a un mundo que, paradójicamente, avanza en su victoria tecnológica, lo que ha provocado, entre otros efectos, que la «desesperación de millones de personas» lleve a miles de árabes al éxtasis de la inmolación terrorista.
-En 'El desajuste del mundo' habla de un islam rabioso contra Occidente pero también consigo mismo. ¿Ve algún encaje de su cultura en el futuro global?
-Cuando hablo del mundo islámico pienso que todo es posible. Se puede instaurar la democracia, el laicismo y el respeto a los derechos humanos. Igual que en el cristiano. No hay un problema de interpretación de los textos sagrados. Pero, cuando miro la realidad, me entran cada vez más dudas. Todavía se está viviendo un periodo de regresión que no parece que vaya a acabar. No sé si llegaré a ver su fin. Es una de las etapas más sombrías de su historia.
-Tal vez la globalización también ha globalizado los conflictos. Usted defiende una autoridad mundial por encima de cada cultura.
-Las actitudes de la humanidad tienen que sobrepasar la situación actual en la que cada cual sólo se mira su propio ombligo, para conseguir tener una visión más global. Pero es difícil concebir el futuro del mundo como el de un sólo país. Ninguna sociedad es portadora de esa visión que defienda un futuro común para el planeta.
-¿Para eso no estaba ya el imperio norteamericano?
-El presidente Obama inspira muchas esperanzas para superar las desconfianzas entre Oriente y Occidente. Han pasado los meses desde su discurso en El Cairo (4 de julio) pero no se ha avanzado mucho. Incluso su discurso de acercamiento ya está bastante comprometido. Hablé en un artículo de la 'Primavera de Washington' pero las primaveras son frágiles. Y nada se podrá resolver en ningún frente si no acabamos con el desencuentro Oriente-Occidente.
-¿Cuánto le falta de pagar a Occidente por sus excesos?
-Existe un prejuicio respecto a que Occidente intenta imponer sus valores al mundo. Pero creo que es al revés. El gran fallo es no respetar sus propios valores en su trato con el mundo. Hay que tener el coraje de defender a ultranza ideas universales.
Salidas al mundo real
-¿Exporta al mundo de todo menos democracia?
-Hay una moda en decir que no se puede exportar la democracia y eso es absurdo porque se ha exportado a todos los países y la circulación de las ideas es lo más normal entre los países. En Irak el problema fue que los norteamericanos nunca tuvieron ningún interés en llevar la democracia, no que los iraquíes lo rechazaran.
-Martin Amis dijo en Segovia que 'los países son como gánsteres y no quieren la verdad sino respeto'. Y usted dice que el siglo XXI será el de la cultura o no será. ¿No cree que todavía hoy el respeto se gana más con misiles de largo alcance que con literatura?
-Martin y yo no hablamos exactamente de lo mismo. Entiendo su desconfianza de los gobiernos, pero es verdad que no buscan la verdad y viven una lógica de donación y poder. Yo hablo como escritor pero busco soluciones en el mundo real. Y no es lo mismo un estado que otro, no es igual Canadá que Birmania. Hablo de que la autoridad se ponga al servicio de los que protegen valores humanos.
-En 'León el Africano' describió el legado de Al-andalus. ¿Aquella mezcla de culturas tiene aún una lección que darnos?
-Espero que se siga sacando ejemplo de que el encuentro fue posible, aquella España de las tres religiones. No hay que idealizarla porque hubo también conflictos. Pero me entristece que la oportunidad histórica de acercamiento está otra vez comprometida.
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