Ni Monarquía ni Iglesia, sino contra la explotación económica: el objetivo socialista a comienzos del XX

En los últimos tiempos estamos profundizando en el anticlericalismo socialista en distintos trabajos que giran sobre los objetivos de lucha de los socialistas en la España de fines del siglo XIX y de las primeras décadas del siglo XX.

En este sentido, nos acercamos a otro editorial de El Socialista, de enero de 1901, recién estrenado el siglo XX, que lleva por título, “El verdadero enemigo”.

La columna insistía en un principio ideológico del Partido Socialista, en relación con que ni el Trono ni tampoco la Iglesia eran los principales enemigos de la clase trabajadora. Terminar con la Monarquía no conduciría al fin de la explotación, como lo demostraban los casos francés o suizo, entre otros, matizando, por lo tanto, el concepto de republicanismo desde la visión socialista. Conseguir disminuir del poder de la Iglesia no tendría ninguna consecuencia económica favorable para los trabajadores, es decir, que seguirían siendo asalariados, como ocurriría en la propia Suiza, o con los trabajadores ingleses y norteamericanos, donde la Iglesia era mucho menos potente.

El clero no era, por lo tanto, el principal enemigo, como aseguraba Gambeta, una cita empleada con cierta frecuencia en el periódico, aludiendo también al anticlericalismo de Azcárate o de Canalejas. El verdadero enemigo de la clase obrera era la explotación capitalista, ejercida tanto por patronos monárquicos como republicanos, empresarios ateos o librepensadores y por los católicos.

La Monarquía y la Iglesia era auxiliares defensores del capitalismo, aunque se reconocía que la última intentaba en algunos países conservar su antiguo poder, su preeminencia, en alusión implícita a su papel en el Antiguo Régimen, y teniendo, seguramente en la vista, tanto el caso español como el de otros países católicos. Los trabajadores deberían atacar a estas instituciones como auxiliares del capitalismo, pero sin ser objetivos prioritarios.

Como ejemplos de explotaciones de patronos de distintas ideas y creencias se exponían varias situaciones, dentro del obligado sentido pedagógico del socialismo. Se apuntaba, entre otros, al caso de Vigo donde la patronal era liderada por un republicano federal, y donde se querían anular las conquistas conseguidas por las Sociedades Obreras. En cambio, en Orense la patronal había apoyado los esfuerzos del clero para crear un Centro Obrero Católico, con el fin de disminuir o destruir la fuerza sindical obrera, que había conseguido una subida salarial y disminuir la jornada laboral. La conclusión era que el capitalismo español pretendía oprimir a los trabajadores, y que adoptaran una postura pasiva. Era verdad que la Monarquía, la Iglesia y el Ejército ayudaban en esta tarea, pero el verdadero amo de la situación era el capitalismo que dictaba las leyes.

El objetivo de los trabajadores quedaba claro. Una vez destruido el capitalismo ya no tendrían sentido las Monarquías, pero tampoco las actuales Repúblicas, ni la Iglesia ni el militarismo.

Hemos consultado el número 776 de El Socialista.

Para profundizar es necesario acudir a la bibliografía existente: V. Arbeloa, Socialismo y anticlericalismo, Madrid (1973); L. Gómez Llorente, Aproximación a la historia del socialismo español hasta 1921, Madrid (1976); y R. Mate y V. Arbeloa, “La crítica de la religión en el socialismo español”, Sistema, 31 (1979). También podemos leer del autor de este trabajo un artículo publicado sobre el mitin anticlerical de 1901 en el que participó Pablo Iglesias, y que está publicado en mayo de 2018 en El Obrero, así como el que en Observatorio del Laicismo publicamos en septiembre de ese mismo año comparando el “anticlericalismo burgués” con el socialista en Mariano García Cortés. En el Observatorio también hemos publicado en octubre de este año, “Anticlericalismo y capitalismo en el PSOE a comienzos del siglo XX”.

Eduardo Montagut. Historiador

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