¡Ni esclavas, ni sumisas, ni devotas!

“Libre te quiero, como arroyo que brinca de piedra en piedra, pero no mía. Blanca te quiero, como flor de azahares sobre la tierra. Pero no mía, ni de Dios, ni de nadie…” canta Amancio Prada en su mítica canción que pone música al poema sublime de Agustín García Calvo. “La mujer que yo quiero no necesita bañarse cada noche en agua bendita. Tiene muchos defectos, dice mi madre, y demasiados huesos, dice mi padre. Pero ella es más verdad que el pan y la tierra.” canta, a su vez, Serrat en otra de las canciones que son metáfora musicada del devenir emocional e histórico de una generación de españoles que, hace tan solo cuatro décadas, vivieron el final del franquismo, y que compartieron el anhelo por escapar de un país siniestro y por llegar a construir una sociedad evolucionada, justa, moderna y libre.

Prada y Serrat reivindicaban, con sus canciones, la dignidad y la libertad de las mujeres, tan mezquinamente secuestradas por el ideario misógino y nacionalcatólico de la dictadura. Ya sabemos que la Iglesia católica ha despreciado y sometido al universo femenino desde sus propios orígenes, y que ha encadenado a las mujeres al servilismo, a la incultura, a la inacción y a la imposibilidad de poderse desarrollar como seres humanos autónomos y libres; y las ha constreñido a dos papeles fundamentales en las sociedades de su órbita: el de ama de cría (madre y esposa) en las clases populares, y el de simple florero y fetiche decorativo en las clases privilegiadas.

Recordemos que, sólo unas décadas atrás, una mujer en España no podía viajar, ni trabajar, ni abrir una cuenta corriente sin el permiso del marido. Recordemos que el único respiro histórico para las mujeres en España se produjo en los años de la República, que consiguió su derecho a voto, su igualdad esencial con respecto a los hombres, y su integración en la vida política, social y cultural. La Universidad española en esos años se modernizó, por ejemplo, y empezó a contar con mujeres catedráticas. Y recordemos cómo el franquismo acabó con esos avances puntuales, y cómo esas mujeres catedráticas, junto a muchos miles de españoles más, se tuvieron que exiliar para no perder la vida. Y volvió la dictadura nacionalcatólica a reimplantar el matrimonio religioso como modelo único de relación afectiva, y como herramienta perfecta para asegurar la sumisión y la amputación de la dignidad de las mujeres.

Pues bien, seguimos increíblemente en la misma tesitura; el fondo ideológico es el mismo, aunque las formas, de momento, hayan cambiado. Esperemos que no vuelvan a fusilar en paredones ni a encender más hogueras ni a inaugurar seculares cazas de brujas. Por el momento, con el aval mediático e ideológico que les otorga la mayoría absoluta con que gobierna la derecha (algunos dicen que extrema), décadas después de que esas canciones parecieran simbolizar el fin del paradigma oscurantista y misógino de antaño, el clero sigue difundiendo su manifiesto rechazo a la dignidad esencial de las mujeres y, por tanto, alentando el machismo que enarbolan por bandera y que llevan veinte siglos alentando y difundiendo.

Financiado con dinero público, porque la Iglesia católica no hace nada gratis y percibe anualmente muchos miles de millones de euros del Estado español, el arzobispado de Granada acaba de editar un libro que, titulado “Cásate y sé sumisa”, enseña a las mujeres a eso mismo que anuncia en su portada, a casarse y a ser sumisas, como dios manda. El libro, según su autora, una italiana “sumisa” y ultracatólica, se basa en la frase “mujeres, estad sujetas a vuestros maridos” de Pablo a los Efesios. Afortunadamente no se basa en ninguna otra frase misógina de la Biblia (de las que está repleta) en las que la mujer quedaría mucho peor parada. “Si las mujeres quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación”, podemos leer, por ejemplo en Corintios 14 34-35.

A estas alturas el asunto sería una simple anécdota patética y muy fuera de contexto si no se tratara de un inaceptable enaltecimiento de la violencia machista, subvencionado por el propio Estado. No es una broma, no. En la última década 700 mujeres han sido asesinadas por la violencia machista en España; una media de 70 homicidios al año, muchas más muertes que las ocasionadas por la banda terrorista ETA; y, según el CIS, más de 600.000 mujeres cada año sufren de maltrato en este país, aunque sólo una cuarta parte se decida a contarlo. Y mueren y son maltratadas por ser mujeres sumisas. Pero esos que llevan veinte siglos condenando a la mujer a la sumisión no hablan de ello en sus soporíferas arengas. No. Se lo callan.

La religión ha encadenado siempre a la mujer, ha despreciado y criminalizado siempre su cuerpo, y la ha condenado a ser un ser inferior, a ser una esclava  (Emma Goldman)

Ninguna mujer puede llamarse a sí misma digna hasta que no pueda escoger consciente y libremente si desea o no ser madre (Margaret Singer)

Coral Bravo es Doctora en Filología

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