Neofascismo o fascismo a secas

Hace décadas que Europa y América Latina se ven acosadas por las políticas mal llamadas neoliberales en una Era infame que, iniciada por Ronald Reagan, ha ido extendiendo premeditada y paulatinamente un nuevo modelo político que pretendía, y ha conseguido, desdibujar las democracias en aras del beneficio del poder capitalista y económico. Thatcher, Aznar, Berlusconi, Merkel, Rajoy han sido los grandes exponentes en Europa de ese monstruo de mil cabezas que ha ido soslayando los derechos ciudadanos y haciéndonos volver a esquemas impensables de abuso, de corrupción, de desmantelamiento de lo público y de desprecio absoluto a los Derechos Humanos.

Paralela y consecuentemente a la expansión del neoliberalismo se ha ido propagando e imponiendo un intenso auge de los fundamentalismos, políticos y religiosos, lo cual es lo mismo, como un modo de expandir en la conciencia ciudadana los arquetipos ideológicos y sociales afines a la sumisión, a la inacción y al conformismo, y contrarios al criticismo y a la participación democrática de los ciudadanos en la vida pública. En ese camino las religiones, cómplices de los neoliberales, han vuelto a conseguir una posición sólida en los Estados, intensificándose el confesionalismo y diluyéndose, en consecuencia, el cumplimiento de la laicidad. En la legislatura de Rajoy ha sido algo más que evidente. Ministros adeptos de sectas ultras, irracionalidad llevada a absurdos (medallas a vírgenes, o ruegos a santos para “salir de la crisis”, misas franquistas, religión por doquier en los currículums educativos, los de una ley, la LOMCE, creada a imagen y semejanza del voraz pensamiento neoliberal.

Intensificación, a la vez, del maltrato animal, porque todo es lo mismo, de manera simultánea al maltrato humano. Siempre lo digo, el maltrato animal, en el fondo y en esencia, es otra manifestación más del pensamiento fascista que considera a los “inferiores” o a los “diferentes” elementos de los que abusar, a los que maltratar o abatir sin miramientos. Es muy significativo constatar que desde 2011 a 2015, según datos publicados por el Ministerio de Cultura (¿o incultura?), se han inaugurado trece escuelas de tauromaquia, en plenos años de crisis en los que se han desmantelado los centros educativos. Ya digo, el maltrato animal, la barbarie, es directamente proporcional al pensamiento tirano.

Y en ese contexto, han surgido personajes que se han quitado el disfraz, porque la situación les es propicia, y muestran sin tapujos su cara sin antifaz, y sin pudor se dedican a defender lo indefendible y a hacer de voceros, supongo que, a buen sueldo, de las ideas cínicas y totalitarias de la derecha más extrema. Fascistas crecidos, denomina Forges de estos personajes que ha retratado en una de sus geniales viñetas.

Uno de estos personajes, asiduo a las tertulias y debates televisivos, debates que son, más que otra cosa, vulgares corros de cotilleos de vecindario o culebrones absurdos y estridentes, hacía el pasado domingo verdadera apología del pensamiento fascista. Y, como era sistemático en el franquismo, vertió una serie tópicos y de mentiras malintencionadas contra la República española. Defender públicamente en una televisión la dictadura y el totalitarismo debería ser, a estas alturas, un delito muy bien tipificado, aunque, de serlo, media tropa de los del PP y sus adláteres estarían entre rejas.

Y hablando de fascismo, y de apología del franquismo, y hablando de adláteres de la derecha, o quizás sea al revés, el pasado 18 de julio, fecha de la conmemoración del Golpe de Estado que inauguró la Guerra Civil española, se oficiaba una misa en la catedral de Valencia, catedral liderada por Cañizares, por el alma de Franco. El cardenal, según El País, argumentó a su favor que en una misa “no se puede vetar a nadie”. Y, claro, ya sabemos que el cristianismo propaga, según la teoría, la compasión y el amor al prójimo. Yo diría que dependiendo de quién sea el prójimo, porque, sinceramente, dudo muchísimo que, en ninguna catedral de España, bueno, ni de todo el mundo, se pudiera oficiar una misa por los republicanos fusilados ni por Manuel Azaña, por poner un ejemplo.

Vivimos en un país en el que se sigue financiando con dinero de todos el gran mausoleo del Valle de los caídos, construido en loor de una cruzada fascista, mientras miles de españoles que lucharon por la democracia continúan tirados en las cunetas. Que no nos cuenten que este país es democrático. Que no nos hablen algunos de reabrir heridas cuando esos mismos se encargan de mantenerlas abiertas y de perpetuar las sombras alargadas del franquismo. ¿Se trata de un neofascismo? ¿O se trata del fascismo, a secas, que siempre estuvo ahí, aletargado? Los fascistas del futuro se llamarán a sí mismos antifascistas, decía Winston Churchill.

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