Nayib Bukele, candidato a Alcalde en San Salvador, y la laicidad del Estado

Nayib Bukele, candidato a Alcalde de San Salvador, propone en su programa electoral, crear una Casa de Valores para apoyar a las iglesias. Comprendo su preocupación por acercarse a todos los sectores de la sociedad y en buscar todos los medios para disminuir la violencia en la Capital, pero su propuesta vulnera el carácter laico del Estado salvadoreño.

No es una «nueva idea» que el Estado establezca relaciones de dependencia con las Iglesias, ya en el Imperio Romano Constantino (331) y después Teodosió (380)declararon al cristianismo como religión del Estado, dándole privilegios para consolidar su poder político. En América los Reyes de España quisieron legitimar la colonización mediante las Bulas Alejandrias (1493) donde el Papa Alejandro VI, uno de los Borjia, les concedía todas las tierras del Mar Océano, por ser tierras de infieles, a cambio de evangelizar a sus habitantes. Sin embargola Constitución de Estados Unidos,la Revolución Francesa, y la Constitución mexicana de Benito Juarez en 1917, fueron construyendo la separación entre Iglesias y Estado y conformando Estados laicos y republicanos, base de la democracia moderna. En nuestro país a partir de la Constitución de 1883, queda reflejada esta separación tal como reconoce la Sala de lo Constitucional (Resolución 3-2008) «Ante la ausencia de una disposición que determine expresamente que El Salvador protege a unadeterminada religión como estatal –que lo caracterizaría como un Estado confesional–, es viable concluir que el Constituyente dispuso en la ley suprema una especie de «laicidad por silencio».

Actualmente El Salvador es un país plural, en el que la ciudadanía tenemos diversas creencias y formas de pensar: el 50 % sedefine católico, el 38 % evangélico, un 3% dice profesar otras religiones y el 9 % no profesa ninguna. Por ello la Alcaldía, como parte del Estado, debe de garantizar la libertad de pensamiento, creencias y prácticas religiosas de toda la ciudadanía, pero no debe de utilizar a la institución municipal para promover creencias o normas morales de origen religioso, pues promover unas, vulneraría los derechos de la ciudadanía que no las compartiera. Los valores que se promuevan desde la Alcaldía deben ser principios de ciudadanía que compartimos todas laspersonas y que nos unen. Señor Bukele, ¿se ha preguntado qué pasaría cuando sea Alcalde y el representante de una Iglesia, en base a sus promesas de campaña, le pida que como su religión considera que el matrimonio es indisoluble suprima el trámite de Divorcio en el Registro del Estado Civil de las personas. O que por considerar las imágenes de la divinidad como idolatría se prohíban las estatuas religiosas en las plazas públicas o que se prohíban los bancos de sangre porque su religión no permite las transfusiones…?Señor Bukele como Alcaldía promueva lo que nos une no lo que nos separa.

Pienso que usted será nuestro próximo Alcalde de San Salvador y le felicito por incluir en su programa la creación de una instancia municipal para promover el cambio de actitudes. Usted la llama Casa de Valores y le asigna un presupuesto importante, pero le da un contenido religioso y ya hemos visto que las creencias y pensamiento de nuestra ciudadanía son diversas y el Estado, por mandato Constitucional, debe de ser laico. Por tanto le propongo llamarla Casa de Valores Ciudadanos, que son los que todas y todos compartimos, independientemente de nuestro pensamiento y creencias religiosas. Debe de ser una Casa para todas las asociaciones y organizaciones que trabajen por la convivencia ciudadana: Comités de barrio, Asociaciones de Desarrollo Comunal, Organizaciones de Jóvenes y de Mujeres que por años vienen trabajando por una cultura de paz, convivencia y solidaridad. Y por supuesto también para las iglesias como organizaciones con fuerte presencia social. El fondo de US $ 1.5 millones, debe destinarse a promover la convivencia ciudadana, con un manejo claro y transparente, pues serán fondos públicos, provenientes de impuestos de toda la ciudadanía, independientemente de sus creencias. Una Municipalidad que nos represente a toda la ciudadanía debe garantizar nuestras creencias y pensamiento, pero también reconocer la autonomía entre Iglesias y Estado.

(*) Activista social y colaborador de ContraPunto

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