Muchos colegios acudieron a hacer una ofrenda a la Almudena, patrona de Madrid

Este martes, 8 de noviembre, desde las 10:00 horas, la plaza de la Almudena acoge la tradicional ofrenda floral solidaria -además de flores, se pide entregar alimentos no perecederos- en honor a la Virgen. Son muchos los colegios que, a pesar del frío, han acudido desde muy temprano a hacer su particular ofrenda a la patrona de Madrid, Santa María la Real de la Almudena.

El arzobispo, monseñor Carlos Osoro, ha estado presente y, entre abrazos, ha ido recibiendo, uno por uno, a todos los niños de las diferentes escuelas, que ponían a los pies de la Virgen sus plegarias, poemas, flores y canciones. «Jesús ha entrado en vuestra vida para que vuestra vida sea la vida de Jesús», ha dicho el prelado.

«Cuando uno le dice al Señor «necesito de tu fuerza, por mí mismo puedo hacer pocas cosas, así que dame tu espíritu», el Señor nos regala el Espíritu a través de la Iglesia». Nos pasa como a los apóstoles, ha aseverado entre los gritos y la emoción de los pequeños, «que eran unos miedosos y se encerraban», pero «cuando vino el Espíritu Santo, abrieron las puertas y salieron al mundo para decir que eran discípulos de Jesús». Por tanto, «que no os importe decir nunca que sois cristianos».

Malena y Álvaro, entre la multitud que esperaba anhelante para poner a los pies de la Virgen sus presentes, portaban sobre sus manos el escudo del colegio Sagrado Corazón, de las Hijas de la Caridad, forjado con rosas azules, amarillas y blancas.

Álvaro, que solo tiene doce años, permanecía tranquilo y deseoso de encontrarse con Aquella en quien pone su vida: «Venir un día como hoy es toda una ofrenda para agradecerle a la Virgen que, en los momentos más complicados de la vida, Ella siempre nos protege y, aunque no nos demos cuenta, siempre está con nosotros». Malena, a su lado, comenta que ha venido a pedirle «por todos los niños pobres que no tienen hogar». Está aquí para hacer verdad la promesa de su fidelidad, «porque la Virgen nos ayuda y jamás se va de nuestro lado».

A escasos metros, las chicas del colegio Aldeafuente, junto al cardenal electo de Madrid, cantan jubilosas y al unísono el himno de la Almudena. No queda sitio para el silencio y sus voces despiertan una mañana que aún palpita teñida de frío.

 Correctamente uniformada, Alejandra, de catorce años, reconoce que ver a la Virgen de la Almudena «es todo un privilegio» porque «vamos a recibir la Confirmación este año y queremos pedir a la Virgen que cuide mucho de nosotras y nos ayude a prepararnos bien para recibir el sacramento». María, un año mayor, también le ha pedido ayuda para prepararse para la Confirmación, y «además, hemos venido a rezar por todas las familias de la escuela y para que nos ayude en los exámenes».

El colegio Valverde tampoco ha querido perderse este encuentro, y Macarena, de ocho años, reposa emocionada en un lado de la plaza. Ya ha hecho su promesa, que no duda en compartir: «Le he dicho que me ayude con mi hermanita Paloma, que solo tiene dos meses y está enferma…». Es complicado no dejarse enternecer por ella, quien además ha pedido a la Virgen «por todas las niñas, para que sean buenas» y «para que no se olvide de los pobres». De repente ha salido el sol: presagio de que algo importante estaba sucediendo allí…

Poco a poco, han ido pasando todos los colegios. San Bernardo, Chesterton, Everest, Caldeiro, Stella Maris, San Jaime, Valdefuentes… Álvaro, del colegio Chesterton, viene corriendo a mi encuentro para decirme que ha venido «para entregarle a la Virgen toda mi vida». Sus ocho años, para sorpresa de todos los que escuchamos sus palabras, rompen todos los esquemas del creer. Darío, que también está ansioso por llegar, va a dejar reposar sobre el manto de la Virgen su petición por la paz en el mundo, por los pobres y, de manera especial, por su primo: «Sí, murió hace dos años, y como ya está en el cielo, voy a decirle a la Virgen de la Almudena que le cuide y que cuide de mí».

Las peticiones y las canciones son, cada vez, más grandes. Porque nadie esté solo en Navidad, porque se acaben las guerras, por los que se encuentran solos e, incluso y como manifiesta Santi, del colegio Valdefuentes, «por el Papa Francisco y por los obispos».

Y allí ha permanecido el arzobispo de Madrid, hasta que el último de los colegios ha prestado su ofrenda. Cantando con ellos, rezando con sus oraciones y acariciando cada unos de los detalles que la Virgen de la Almudena ha puesto en sus manos. «Seguid ofreciendo a la Virgen cada flor, cada poema y cada oración», ha aseverado monseñor Osoro antes de abandonar la concurrida Plaza, «porque en ellas ponéis el resto de vuestra vida y de vuestras familias».

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