¿Montes o cementerios?

El ‘boom’ de la cremación y el esparcimiento de cenizas de fallecidos ha provocado un aumento preocupante de estelas funerarias y placas en nuestras montañas. A finales de agosto se retiraron de Ernio la mayoría de las cruces que copaban su cima y ahora la Diputación quiere regular la colocación de estos recuerdos.

Lo vimos recientemente en el monte Ernio, donde los municipios situados a las faldas de esta montaña (Aia, Asteasu, Alkiza, Bidania-Goiatz, Errezil, Hernialde y Albiztur) decidieron cortar por lo sano y retirar la gran mayoría de cruces y estelas funerarias que habían proliferado sin control en los últimos años y adornaban la cima sin dejar apenas espacio entre unas y otras. Pero este fenómeno no es exclusivo de Ernio, sino que se ha convertido en una realidad evidente en muchos otros accidentes orográficos del territorio, como Jaizkibel o el entorno de Peñas de Aia, por citar los dos ejemplos más claros. Y suponen un problema que las instituciones quieren atajar.

Llegó un día en que algunos montañeros se sintieron invadidos por las placas de recuerdo que los familiares colocaban en las montañas a sus seres queridos fallecidos tras esparcir allí sus cenizas. Poner recordatorios en el monte se ha convertido en algo común.

El aumento de la cremación en detrimento de los enterramientos está en el origen de esta extendida práctica que ahora no solo se cuestiona, sino que pasará a ser ilegal en cuanto la Diputación de Gipuzkoa apruebe, tal y como está previsto, el proyecto de reforma de la norma foral 7/2006 .

La primera queja la hizo llegar en 2012 a la Federación Guipuzcoana el club montañero Urdaburu-Orereta de Errenteria, que alertó de la proliferación de estas placas en las inmediaciones de San Marcos y Txoritokieta.

El ente federativo tomó cartas en el asunto y vio que esta problemática se había extendido a lo largo y ancho del territorio, “disparándose en los últimos diez años”. Y activó la señal de alarma ante las instituciones y partidos políticos.

Año y medio después, su reivindicación ha conseguido que la Diputación de Gipuzkoa esté a punto de iniciar la tramitación de una norma foral que prohibirá la colocación de estas placas en terrenos públicos y la regulará en espacios privados en los que los propietarios autoricen la colocación de los mismos. Por ejemplo, será necesaria una separación mínima de 100 metros entre distintas placas para evitar concentraciones como las de Ernio.

Previsiblemente, según indican fuentes de la federación, y fruto de los contactos mantenidos con distintos grupos políticos, la norma foral contará con el apoyo de la mayoría en las Juntas de Gipuzkoa.

Esta iniciativa coincide en el tiempo con la que los municipios de las faldas del monte Ernio pusieron en marcha en 2013 y están culminando en la actualidad. Todos buscan controlar una práctica que no suponía ningún problema hace años pero que en la última década se ha convertido en motivo de preocupación. “Sobre todo las zonas con vistas al mar, en la zona de Jaizkibel,” indican en la Federación.

El caso de Ernio ha marcado un antes y un después. “Ernio es patrimonio de todos y no se puede colocar allí recuerdos particulares o personales”. Con estas palabras justificaban el alcalde de Albiztur, Gregorio Iraola, y la alcaldesa de Asteasu, Pili Legarra, la decisión adoptada por los municipios que comprenden terrenos del Ernio de suprimir la mayoría de las cruces que durante años se habían ido acumulando en las inmediaciones de la cumbre, y que habían llevado a conocer a esta como la montaña de las cruces. Buena parte de ellas fueron retiradas a finales de agosto después de que finalizase el plazo de un año que los municipios concedieron a los familiares y particulares para la retirada voluntaria de estos recuerdos.

Desde 1792

De las casi 30 que había, quedan ya solo unas pocas. Se conservarán las del calvario y la gran cruz de hormigón que corona la cima. Se quedarán allí por su valor histórico y como “ejemplo”. Aseguran los alcaldes que la decisión “no va en contra de la religión ni las tradiciones” de esta montaña que muchos consideran emblemática; casi sagrada.

La gran cruz que remata la cima, en jurisdicción de Albiztur, la construyeron vecinos de este municipio y de Errezil subiendo los materiales mediante yuntas de bueyes. Según se recoge en el estudio del profesor José Ignacio Homobono El monte de las romerías. Ernio y la polisemia de sus rituales, originariamente debe tratarse de una cruz de término erigida para fijar los nuevos límites tras el deslinde de los montes mancomunados en 1792. En esa época era práctica habitual la antigua costumbre de levantar una cruz de gran tamaño junto a los mojones que dividían varias jurisdicciones.

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