Monseñor Bruguès: «La Iglesia católica es la primera potencia mundial en Universidades»

La Iglesia cuenta, en estos momentos con unas 1.500 universidades en todo el mundo.De ahí la necesidad de que estos centros universitario rezumen catolicidad por todos sus poros. No sólo individual, sino también institucionalmente.

Fue durante casi cinco años el secretario de la Congregación para la Educación católica y, desde hace unos meses, el Papa le nombró archivero y bibliotecario de la Iglesia. El dominico Jean-Louis Bruguès  dice sentirse orgulloso de los centros educativos eclesiásticos. "Con sus más de 1500 centros, la Iglesia católica es la primera potencia mundial en Universidades", reclama, al tiempo que reivindica la imponente función social de la labor educativa eclesial.

Con su ponencia "La educación según el Concilio Vaticano II", el curial vaticano inauguraba esta mañana el XX curso de Doctrina Social de la Iglesia, "Los nuevos escenarios de la Iglesia en la evangelización de lo social", organizado por la comisión de pastoral de la CEE, la Fundación Pablo VI y el Instituto Social León XIII.

Antes, en el coqueto salón de actos de la Fundación Pablo VI, el presidente de la comisión episcopal de pastoral social, Santiago García Aracil, realizaba la apertura del curso. Afónico, pero con excelente sentido del humor, el arzobispo de Mérida-Badajoz dio la bienvenida a los presentes, realzó la actualidad de la DSI, especialmente en estos momentos de crisis, porque "la Iglesia no debe permanecer insensible ante la situación actual".

A juicio de monseñor Aracil, la DSI "debe reflexionar e iluminar el orden completo y pronunciarse sobre las cuestiones concretas que atañen al hombre", asi como denunciar "el desorden ético y moral que entraña la creciente desigualdad entre los ricos y los pobres" y "las diferencias injustas e intolerables en el disfrute del bienestar material y de los recursos imprescindibles para la salud y la subsistencia".

A continuación, el secretario de la comisión episcopal de pastoral, Fernando Fuentes, explicó la temática y la metodología, "activa y participativa", del curso, "con testimonios e itinerarios muy concretos en medio de unas circunstancias muy delicadas".

"Vaticano II, el Concilio de la Educación"

El plato fuerte de la mañana fue la ponencia del nuevo archivero-bibliotecario del Vaticano. En un perfecto castellano, el dominico francés Jean-Louis Bruguès, que llamó a su nuevo destino "el ministerio de investigación de la Iglesia", abordó la cuestión de la educación según el Vaticano II.

Tras asegurar que "la aplicación del Concilio no se ha realizado plenamente", desgranó las tendencias de fondo del gran evento eclesial en lo que a la educación se refiere. Y, aunque a primera vista, parece que la educación no fue una de las estrellas del aula conciliar, Bruguès señaló que "la preocupación educativa estuvo muy presente en los grandes textos". "Tanto es así que el Vaticano II podría denominarse el Concilio de la Educación".

Y el prelado abordó el tema en cinco partes. A la primera la llamó "la recolección de las aguas", al estilo de las grandes fuentes que tienen varias piletas: la más pequeña en lo alto y las demás, cada vez mayores, bajando, hasta llegar a la último, la que abreva a la gente. Es así como el Concilio "recoge los frutos de una larga tradición" en este ámbito. Con figuras tan señeras, como Don Bosco o Lasalle. De hecho, después de los fundadores, los más representados en el santoral son los educadores.

Una actividad, la educativa, que sigue de moda y de actualidad. "Porque, según Bruguès, los jóvenes siguen siendo nuestros maestros. Los ancianos tienen que adaptarse a los jóvenes. Los jóvenes nos muestran cómo desalojarnos de nosotros mismo y cómo salir de nuestros hábitos e incluso de nuestro cansancio de vivir. Los jóvenes nos obligan a avanzar y a caminar".

El prelado curial reconoce que el Concilio apostó por una "apertura serena hacia el mundo contemporáneo". Pero, 50 años después, el contexto social ha cambiado drásticamente y, hoy, nos encontramos "con una sociedad secularizada que descarta la trascendencia en las decisiones públicas".

Más aún, "en la sociedad actual, las religiones son percibidas como factores de división social, relegadas al ámbito privado y sin poder expresarse públicamente".

Pero, incluso en este contexto, la Iglesia apuesta "por la educación integral de la persona humana y se opone a cualquier despersonalización" procedente de la tecnocracia, del mercantilismo, del materialismo o del fundamentalismo religioso. "Eso le crea numerosos adversarios, que quieren obligar a la Iglesia a guardar silencio".

Un silencio que la Iglesia no puede ni debe guardar. Y tanto ayer como hoy se opone con todas sus fuerzas a todos los que pretenden convertir la educación "en un instrumento auxiliar del mercado". De ahí que siga reivindicando el papel primordial de la familia en la educación.

En este sentido, Bruguès aseguró que "los padres, hoy en día, suelen reservarse el papel de buenos y complacer siempre a sus hijos", con lo cual están pidiendo a la escuela que "supla las carencias educativas de la familia". En definitiva, las familias, incluso las católicas, renuncian a desempeñar un papel activo en la educación de sus hijos.

Todo lo contrario que las familias musulmanas, que piden, con insistencia, que sus hijos reciban educación religiosa y, "para frenar la educación religiosa musulmana, las autoridades tienden a rechazar a las demás religiones en la escuela".

Escuela católica, servicio público

En cuanto a la escuela propiamente católica, Bruguès reivindicó que "debería ser reconocida como un servicio público". Y un gran servicio pastoral, porque, a veces, representa "el primer y quizás el último contacto de los alumnos con la Iglesia". De ahí su doble función: de apostolado y de servicio social.

Por eso, sigue siendo primordial el tema "de la identidad y misión de la escuela católica". Una identidad profundamente católica, en la que la fe no se impone, pero sí se propone abiertamente. "Si una escuela católica no puede proponer la fe a sus alumnos, ¿en qué sigue siendo católica?", se preguntó monseñor Bruguès, en referencia a los países musulmanes sobre todo.

En cualquier caso, a su juicio, "se ha debilitado la conciencia eclesial de la escuela católica" a todos los niveles, incluido el universitario.

La Iglesia cuenta, en estos momentos con unas 1.500 universidades en todo el mundo. "Es, por lo tanto, la primera potencia educativa universitaria del mundo. Y las demandas de creación de universidades católicas se multiplican, sobre todo en África, Latinoamérica y La India".

Un panorama espléndido no sólo en cantidad, sino también en cantidad. En muchos países, las Universidades católicas "se cuentan entre las mejores" y forman "profesionales prestigiosos y testigos de la fe". Y es que "la Iglesia puede sentirse orgullosa de la calidad de sus escuelas y universidades".

De ahí la necesidad de que estos centros universitario rezumen catolicidad por todos sus poros. No sólo individual, sino también institucionalmente. Por eso, el ex secretario de la congregación para la Educación anunció que el dicasterio del que ya no forma parte está preparando un documento "sobre la especificidad de la escuela católica en la sociedad pluralista y secularizada". Una escuela abierta a todos, pero que proponga la cultura católica a todos sus alumnos católicos, ateos o creyentes de otras religiones.

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