Misa obligada por megafonía

El oficio por altavoz de un cura de Meis levanta protestas El párroco de San Salvador, en Vilagarcía, ha conseguido que hasta los cazadores escuchen sus sermones gracias a una amplificación que desespera a los vecinos

Si usted es católico practicante y vive en San Salvador de Meis, está de suerte. Sin tener que levantarse de la cama podrá usted cumplir con el precepto de la misa dominical. Si, por el contrario, está usted entre los que no frecuentan mucho la iglesia, en esta parroquia del municipio pontevedrés de Meis no encontrará el lugar de sus sueños. Porque en San Salvador el oficio dominical se ha vuelto obligatorio.

   El mismo altavoz que a diario va dando las horas sirve para que cada domingo, a las once y media de la mañana, la misa sea retransmitida a todos los vecinos. A Heliodoro Sineiro, cuya casa se encuentra a escasos cien metros de la iglesia, esta situación le resulta muy molesta. Considera que el párroco debe respetar los derechos de todos, incluso de los que libremente deciden no practicar la religión. Por eso se ha dirigido al Concello de Meis para elevar su malestar.

«Que poñan tapóns»
La respuesta que obtuvo, según cuenta, fue una exhortación desde el púlpito al domingo siguiente. «Parece que hai xente á que lle molestan os altavoces, pois que poña uns tapóns ou que se vaia», asegura que proclamó en público el propio sacerdote.
Sin embargo, la opción de irse tampoco funciona: «Agora estamos en época de caza e os domingos vou ó monte, pero ata desde o monte teño que oír a misa», tal es el volumen al que se emiten los oficios.
Tampoco resulta fácil para los que aprovechan la noche del sábado para salir de marcha. «Teño unha filla que os sábados sae por aí e o domingo ten que espertar ás once e media da mañá», explica Heliodoro.
Lo peor, sin embargo, llega allá por el mes de mayo, cuando se celebra en el lugar la festividad de la Virxe dos Desamparados. Entonces la obligación no se restringe a los domingos, sino que cada tarde, durante nueve días que a algunos les resultan especialmente largos, «pon música e despois dá a misa».
Tras presentar un escrito en el Concello y no haber logrado resultado alguno, Heliodoro baraja incluso la posibilidad de dirigirse al Valedor do Pobo para intentar que, entre tanto ruido, sus reclamaciones puedan por fin ser escuchadas.

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