Minaretes entre catedrales

Numerosas ciudades europeas llevan adelante proyectos para construir grandes mezquitas Estas iniciativas desatan el rechazo de los sectores más conservadores

Hace tiempo que el paisaje de la vieja Europa cristiana está cambiando. Esta situación, perceptible a pie de calle, se eleva ahora a las alturas. Los minaretes asoman entre las altas torres de las catedrales y muchos ciudadanos contemplan con asombro y desconfianza como ese símbolo del islam transforma el perfil de sus ciudades. En España hace siglos que los minaretes fueron convertidos en campanarios, pero también se produce el mismo fenómeno. Colonia, Londres, Berlín, Marsella, Sevilla, Bolonia, Sassuolo (Italia) son solo algunas de las ciudades con planes de construcción en marcha, y en esos proyectos cristalizan los conflictos sociales entre las comunidades.
Por su lado, los musulmanes de Europa, hartos de celebrar sus reuniones en garajes, almacenes y viejas fábricas abandonadas, quieren tener sus propios templos. Y los quieren grandes y bellos. Para exhibir no solo su presencia, sino la pujanza de su comunidad. Quieren demostrar sin complejos que el islam, la segunda religión en este continente, debe ser respetado.
Bekir Alboga, de la Unión Islámica Turca (Ditib), considera que "el deseo de los musulmanes de construir una gran mezquita significa que quieren sentirse en casa, vivir en armonía con su religión en una sociedad que han aceptado como suya". De la misma opinión es el alcalde de Colonia, el conservador Fritz Schramma, quien piensa que este nuevo templo "permitirá al islam salir de los patios traseros, donde reside el verdadero peligro". Pero el partido ultraderechista Por Colonia (Pro- Köln), que cuenta con cuatro concejales en el Ayuntamiento de la ciudad alemana, se opone tajantemente a la nueva mezquita, y sobre todo a que tenga un minarete más alto que su famosa catedral. "Mostremos a los dirigentes de nuestra ciudad lo que pensamos de su famoso proyecto multicultural. Pongamos fin a esta locura", clama un portavoz del PK. Sin embargo, el pasado jueves, el Ayuntamiento de Colonia discutió en una tensa sesión las características de la futura mezquita y se impuso el acuerdo de seguir adelante con los planes. Ikbal Kilic, portavoz de la Ditib en Colonia, está "muy satisfecha de que el proyecto siga adelante", y respecto a la conflictiva altura del minarete propuesto, de 55 metros (más que la torre de la catedral de Colonia), declaró a EL PERIÓDICO que su comunidad "está abierta a los cambios que sean necesarios".
La señora Güler, pedagoga y miembro de la Ditib, afirma: "Es muy positivo que los musulmanes abandonemos esta filosofía de patio trasero en la que estamos sumidos. Con esta nueva construcción y a través de esta apertura creo que saldremos ganando todos, no solamente los inmigrantes musulmanes, sino la sociedad de Colonia al completo".
El señor Fuhrmann, propietario de una empresa de electrónica, declara a EL PERIÓDICO su desacuerdo: "La situación que se vive actualmente en Alemania se puede comparar con la época del Tercer Reich. En cuanto expresas tu opinión en contra del proyecto de la mezquita te tachan de ser de ultraderecha. Yo soy demócrata, voto a la CDU".

Iniciativas legales
Estas iniciativas, legales según las constituciones europeas, que consagran la libertad de culto, hacen aflorar miedos y odios ancestrales. Los ciudadanos que se oponen temen que la mezquita se convierta en lugar de adoctrinamiento de terroristas, y ello desata la oposición frontal de los partidos más conservadores. En Italia, Alianza Nacional y Forza Italia, el partido de Berlusconi, rechazan los proyectos de Bolonia y Sassuolo, y a este último también se opone la Liga Norte.
El colectivo Ciudadanos por Múnich argumenta que "la concepción musulmana de la mujer, los matrimonios forzados, los crímenes de honor y las reglas en materia de sacrificio de animales son anticonstitucionales" y las mezquitas favorecen esa ideología. También temen la aglomeración de musulmanes y la pérdida de valor inmobiliario del barrio.
La financiación es uno de los capítulos más delicados y a la vez peligrosos. Según el diario saudí
Inu el Yaqin, el Gobierno de Arabia Saudí gastó unos 33.000 millones de euros desde los años 80 hasta el 2002 en la construcción de 1.500 mezquitas y 2.000 centros islámicos en todo el mundo, la mayoría en los países donde el islam es minoritario. Y no fue el único contribuyente. Este mecenazgo tiene un precio: designar a los clérigos que rigen las mezquitas.

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