Militares represores entran en un tribunal con escarapela de El Vaticano

El gesto causa sorpresa e indignación en una Argentina que discute el papel de Bergoglio durante la dictadura

El papa Jorge Bergoglio recibió el jueves el peor regalo imaginable procedente de Argentina: un grupo de militares que están siendo juzgados por haber cometido graves violaciones de los derechos humanos entre 1976 y 1983 entraron en el tribunal luciendo en las solapas de sus trajes la escarapela amarilla y blanca, con los colores del Vaticano. Entre ellos se encontraba el exjefe del III Cuerpo de Ejército, el exgeneral Luciano Benjamín Menéndez, quien ya purga dos condenas a prisión perpetua.

Los oficiales y suboficiales son juzgados en la provincia de Córdoba por los delitos cometidos en el campo de concentración conocido como La Perla. Menéndez hacía gala de su enseña cuando María Patricia Astelerra, una de las víctimas de ese centro de detención, denunciaba que "la condición de mujer significaba, además de las torturas habituales, el plus de la violencia sexual" y que su embarazo de cinco meses no impidió que sus captores la manosearan. "Las mujeres eran reducidas a la servidumbre. Eran obligadas a trabajar, a ser esclavas sexuales", añadió la víctima.

Indignación y desconcierto

Menéndez, que representó el ala más dura de la dictadura, era un oficial de estrechos vínculos con la Iglesia católica, en especial con el cardenal Francisco Primatesta. El uso de la enseña vaticana en la sala del tribunal provocó tanta indignación como desconcierto. Para unos, los represores recordaron que ellos fueron la espada de una "cruzada occidental y cristiana" que contó con el apoyo espiritual de un sector del episcopado. Otros analistas creyeron ver en ese gesto una llamada a Bergoglio para que interceda por los militares ya condenados. Un sector de la Iglesia argentina no vería con malos ojos una amnistía en aras de la "reconciliación nacional".

El episodio se produce en medio de un debate de opiniones encontradas sobre el papel que tuvo el flamante Papa durante la última dictadura. El escritor y periodista Horacio Verbitsky, autor de una monumental 'Historia política de la Iglesia católica argentina', de cuatro tomos, ha denunciado que el papa Francisco no protegió a dos sacerdotes jesuitas que fueron secuestrados por la dictadura.

Controversia sobre el papel del Papa

El Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, que estuvo detenido durante los años de plomo, asegura, por el contrario, que Bergoglio "no tenía vínculos" con el régimen castrense. "Hubo obispos que fueron cómplices de la dictadura, pero Bergoglio no", ha insistido. "A Bergoglio se le cuestiona porque se dice que no hizo lo necesario para sacar de la prisión a dos sacerdotes, siendo él el superior de la congregación de los jesuitas. Pero yo sé personalmente que muchos obispos pedían a la junta militar la liberación de prisioneros y sacerdotes y no se les concedía", ha añadido.

"Sobre este Papa solo tenemos para decir: 'Amen'", ha apuntado, por su parte, con ironía, la presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, antes de recordar que cuando, en 1977, comenzaron a buscar a sus hijos desaparecidos, "tuvimos relación solamente con los sacerdotes del Tercer Mundo". "Hicimos una lista de 150 sacerdotes asesinados por la dictadura, que la Iglesia oficial calló y nunca reclamó por ellos", apuntó.

En el libro de corte autobiográfico 'El Jesuita', Bergoglio asegura que hizo lo que pudo "con la edad que tenía y las pocas relaciones con las que contaba, para abogar por personas secuestradas".

Los exmilitares acusados por crímenes de lesa humanidad Luciano Benjamín Menéndez (tercero por la izquierda) y Gustavo Alsina (segundo por la izquierda), con la escarapela en la solapa, el jueves en un tribunal de Córdoba (Argentina). Irma Montiel | EFE

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